La Vida Consagrada en Ecuador: llamados a renacer como discípulos misioneros
Vatican News
"Un año más, los consagrados y consagradas del Ecuador renovamos nuestra entrega, conscientes de que este don no es solo para la Iglesia, sino para toda la humanidad, especialmente para los pobres, los olvidados y los excluidos". Con estas palabras, el Obispo del Vicariato Apostólico de Puyo, Mons. Rafael Cob, dedicó unas líneas para reflexionar sobre el día, ayer, día de la Vida consagrada.
Llamados a nacer de nuevo
Esta jornada que pone en el centro el testimonio de miles de hombres y mujeres que han entregado su vida al servicio de Dios y de los demás, señaló el obispo recordando el lema de este año: “Llamados a nacer de nuevo como discípulos misioneros en el Espíritu”, una invitación a renovar la vocación y el compromiso evangelizador en el contexto actual del Ecuador y del mundo.
El lema, afirmó Cob, conecta directamente con el reciente Congreso de Vocaciones a nivel nacional y plantea una pregunta clave para toda forma de vida cristiana, pero especialmente para la vida consagrada: ¿para quién eres?. Esta interpelación, recordó Mons. Cob, recuerda que toda vocación nace del amor y tiene como destino el servicio, y que cada persona es, en sí misma, una vocación para la misión.
Vocación, amor y servicio
Según el Obispo del Vicariato Apostólico del Puyo, la vida consagrada está llamada a profundizar en las preguntas esenciales de toda vocación: ¿a quién llamas?, ¿a quién buscas?, ¿a quién sirves?. Estas interrogantes, dijo, conducen a una certeza fundamental: el consagrado descubre que su corazón se vuelve humilde y agradecido ante Dios, reconociendo que todo es don.
La fiesta de la Presentación del Señor ilumina esta vocación desde las palabras del anciano Simeón, quien proclama a Jesús como Salvador y luz de las naciones. En un mundo marcado por la incertidumbre, la violencia y la exclusión, la vida consagrada está llamada a ser signo de luz y esperanza, no solo con palabras, sino con el testimonio cotidiano.
Una voz profética en medio de la oscuridad
Mons. Cob subraya que, frente a las sombras que vive gran parte de la humanidad, es urgente escuchar el clamor de los pobres y excluidos y alzar la voz para anunciar que Jesucristo es el único Señor y Salvador. “El dinero y las riquezas no salvan; solo Jesús salva, sana y libera del mal”, afirma el obispo, recordando el carácter profético de la vida consagrada.
En este contexto, los votos religiosos se convierten en un signo contracultural. La pobreza expresa una entrega generosa y gratuita; la castidad manifiesta un corazón indiviso, lleno del amor de Cristo; y la obediencia refleja la confianza filial en la voluntad del Padre, que siempre busca el bien de sus hijos.
Iglesia en salida y misión ad gentes
Más adelante, Mons. Cob, dijo que la mujer consagrada, inspirada en María, sale presurosa a anunciar la Buena Noticia, construyendo una Iglesia en salida y misionera. Frente a una cultura de muerte, ofrece vida; ante el materialismo, propone la caridad; y frente a la soberbia, responde con la humildad de los pequeños gestos que transforman realidades.
En un mundo herido y fragmentado, la vida consagrada está llamada a fortalecer la comunidad como hogar fraterno, a ser guardiana de la casa común y a vivir la fraternidad sin distinción de raza, lengua o nación, añadió.
Recordando al Papa Francisco, Mons. Cob advierte que “el religioso que no sienta dentro de sí el clamor de millones de hermanos que no conocen a Cristo y no haga nada por llevar un poco de luz, algo grave le está pasando”. Por ello, insiste en que el futuro de la vida consagrada depende de su capacidad de asumir misiones siempre nuevas, especialmente la misión ad gentes, como camino de esperanza para la Iglesia y para los pueblos.
Sembradores de paz y esperanza
En este Día del Consagrado 2026, la vida consagrada en el Ecuador renueva su compromiso de ser luz de las naciones, sembradora de paz y testigo de esperanza. Bajo la protección de María de Nazaret, madre y maestra, los consagrados continúan siguiendo a Jesús, por quien viven y para quien entregan su vida, convencidos de que Él es el amigo, el esposo y el amado.
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