El cardenal Sako: «La guerra no es la solución»
Olivier Bonnel - Jean-Charles Putzolu - Ciudad del Vaticano
Al igual que muchos países de Oriente Medio, Irak lleva una semana en el punto de mira de los misiles, cohetes y drones iraníes, en respuesta a los bombardeos israelíes y estadounidenses sobre la República Islámica. La ciudad de Erbil, capital autónoma del Kurdistán iraquí, ha sufrido numerosos ataques, pero todo el país ha sido blanco de los mismos: desde los campos petrolíferos de Basora, en el sur, hasta el aeropuerto de Bagdad.
Ante el riesgo real de que el conflicto se extienda a toda la región, el patriarca de Bagdad de los caldeos no oculta su preocupación. «Como patriarca, estoy muy preocupado por la situación porque nadie sabe adónde llevará esta guerra. Y nosotros vivimos el mismo escenario en 2003», explica el cardenal Louis Raphaël Sako a Radio Vaticano, que enumera «el caos, el desorden, las venganzas, los ataques».
El temor a una nueva escalada
Alzar la voz por la paz
«He pedido a los cristianos que el domingo recen por la paz durante todas las misas en las iglesias; que se preocupen, sean prudentes y no pierdan el ánimo ni la esperanza», prosigue el cardenal Sako, que también cuenta con la voz de otros líderes espirituales en Irak para reducir la tensión. «He pedido a los líderes religiosos (musulmanes, N. del E.) que alcen su voz por la paz, por la fraternidad, explica. Como hizo el Papa Francisco durante su visita a Irak y su encuentro con Al Sistani».
Este encuentro histórico con el líder espiritual chiíta en la ciudad santa de Nayaf, el 6 de marzo de 2021, sigue siendo un momento crucial y, más que nunca, un hito para el futuro de la coexistencia interreligiosa en Irak. «Fue un encuentro muy importante», cuenta el cardenal Sako. Al Sistani dijo: «Nosotros somos parte de vosotros y vosotros sois parte de nosotros», exactamente lo mismo que decía Francisco: «somos hermanos».
El 4 de marzo, mientras las bombas seguían cayendo sobre la región, el ayatolá Al Sistani publicó una declaración en la que expresaba su preocupación por la extensión de la guerra a toda la región y reiteraba su llamamiento «a todos los actores internacionales influyentes y a los países del mundo, en particular a los países islámicos, para que hagan todo lo posible por poner fin a ella de inmediato y encontrar una solución justa y pacífica al asunto nuclear iraní, en conformidad con las normas del derecho internacional».
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