La nota invita a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente. La nota invita a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente.

España: “Cor ad cor loquitur”, creer con todo el corazón sin caer en el emotivismo

La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española publica una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe. El texto subraya la necesidad de integrar afectividad, razón y voluntad para un encuentro auténtico con Cristo, “de corazón a corazón”.

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

En España se perciben signos alentadores de un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes de la llamada “generación Z”, esos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. Este fenómeno ha sido uno de los principales motivos para la publicación de la nota doctrinal Cor ad cor loquitur, “El corazón habla al corazón”, elaborada por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y aprobada por la Comisión Permanente, reunida del 24 al 25 de febrero en Madrid.

El título se inspira en el lema cardenalicio de San Juan Enrique Newman, proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa León XIV el 1 de noviembre de 2025, y sintetiza un principio central: la vida espiritual y el encuentro con Dios afectan a la persona en todas sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva.

Según el texto, "la Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe". "Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a 'ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud'".

Video explicativo sobre la nota doctrinal relativa al papel de las emociones en el acto de fe

La nota subraya que en todos estos métodos, en mayor o menor medida, las emociones y los sentimientos tienen un "peso importante" y generan un primer "impacto" en la persona, guiándola hacia la conversión y la adhesión a Cristo.

"A ello -dicen los obispos- le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo". Sin embargo, advierten que "no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias", quienes han llamado la atención sobre el riesgo de un reduccionismo "emotivista" de la fe, que puede convertir a muchos en "consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual".

“El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas.”

Reconociendo "todo lo que de bueno están aportando estos métodos de primer anuncio" en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada", los prelados, como pastores del pueblo de Dios, desean brindar una ayuda en el discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas, "para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia —como la mujer samaritana— buscando 'un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna' (Jn 4,14)".

La fe integral: corazón, razón y voluntad

El documento recuerda que la fe implica toda la existencia humana. La espiritualidad de san Juan Enrique Newman, inspirada en san Francisco de Sales, describe la vida espiritual como un movimiento de corazón a corazón: de Dios al hombre y del hombre a Dios. Esta relación abarca dimensiones afectivas, intelectuales y volitivas, integrando toda la persona en su encuentro con Cristo.

“La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre entero a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación”, escriben. Los obispos explican que junto a la confianza y la adhesión cognitiva, la fe involucra emociones y sentimientos como el gozo, la paz y el amor, elementos que ayudan a madurar la vida espiritual.

El desafío del emotivismo

La nota alerta sobre la influencia de la cultura contemporánea, evidenciada por expertos y analistas de nuestro tiempo, que tiende a absolutizar la afectividad y priorizar el sentir sobre el pensar. "Pero los sentimientos y las emociones -aclaran-, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad". 

En tal sentido, acotan que el hombre "emotivista" se experimenta fragmentado puesto que las emociones por sí mismas son inconexas y no le pueden ofrecer una visión holística de la realidad: 

“Se percibe desorientado, porque se deja arrastrar por las emociones a cada momento sin ningún horizonte y se identifica con ellas; y vive en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante (en tanto que perdura la emoción).”

En la vida espiritual, en cambio, el "emotivista religioso" hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, "lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas". Precisamente, resaltan que "las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia", y destacó la necesidad de "un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales".

Además, se advierte que esta reducción de la fe a la emoción puede ser manipulada, generando presiones sociales o espirituales que convierten la experiencia religiosa en un instrumento de control emocional. Por eso, insisten en la necesidad de discernir y regular las emociones en el camino de la fe.

“Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones.”

También dejan claro que "el reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas". "Sería contradecir la misma Palabra de Dios, dicen, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano".

El corazón de Cristo: modelo y guía

Se recuerda que el Verbo encarnado asumió plenamente los sentimientos humanos para redimirlos y orientarlos hacia Dios. Jesús se compadeció de las multitudes, lloró por la pérdida de Lázaro, amó profundamente a los discípulos, y mostró indignación ante la dureza de los corazones. “Tomó estos afectos de la humana flaqueza, de suerte que, si a alguno le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, no se juzgase por esto ajeno a su gracia”, subraya la nota citando a san Agustín.

El documento insiste en que negar las emociones en la fe sería renegar de la condición humana asumida por Cristo. 

Recuperar el corazón en la vida cristiana

También exhorta a recuperar el corazón como centro de la vida espiritual, donde se integran afectividad, razón y voluntad. La Iglesia llama a la maduración afectiva de la fe, evitando el sentimentalismo, pero reconociendo que la experiencia de Dios también se da en la intimidad emocional del creyente.

Los pontífices han reiterado esta perspectiva a lo largo de la historia reciente. Desde Pío XII hasta Francisco, pasando por Juan Pablo II y Benedicto XVI, el magisterio recuerda que la fe auténtica es integral: abraza emociones, razón y voluntad, y conduce a la verdad, la caridad y el compromiso con el prójimo.

La dimensión personal

Retomando las palabras de Ratzinger en su encíclica Deus caritas estse recuerda que "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva". En dicha línea, afirman que la fe no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas: "Es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo".

La dimensión comunitaria y trinitaria de la fe

El documento reconoce que la fe nunca es un acto aislado: siempre se vive en comunión con la Iglesia. La experiencia del encuentro con Cristo se realiza a través de la Palabra, los sacramentos y el servicio a los demás. “Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo. Creemos gracias a que alguien nos habló del Señor y nos transmitió la fe de la Iglesia en el ámbito de la familia, de una parroquia, de un grupo o un movimiento eclesial".

Asimismo, los frutos de los nuevos métodos de evangelización se valoran por su capacidad de integrar al creyente en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo. 

Dimensión ética y caritativa

Los autores apuntan que "el verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino". 

La dimensión celebrativa: encuentro con Dios en la liturgia

La nota resalta la importancia de cuidar la dimensión celebrativa de la fe. La liturgia no es un mero acto formal ni un espectáculo emocional; es un encuentro sacramental con Dios que une a la comunidad y fortalece la vida espiritual.

Se constata el "recurso excesivo a elementos de tipo emotivo" en algunos ambientes eclesiales, "incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento". Por tal motivo, se explica que la adoración eucarística, tanto de forma privada como pública, "prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido". En esta línea, se subraya el reto de garantizar una buena formación litúrgica que permita situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial.

Con corazón de pastores

Finalmente, los obispos exhortan a abrazar la fe en todas sus dimensiones, reconociendo y valorando emociones y sentimientos en el marco de una sana afectividad. “Invitamos a contemplar a la Virgen María, en quien se realiza de manera perfecta el acto de fe. Ella acogió el anuncio del ángel Gabriel y le dio su asentimiento diciendo: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y, porque ha creído, todas las generaciones hasta nuestros días la proclaman bienaventurada”.

Con esta profunda reflexión, la Iglesia española ofrece un marco de discernimiento para acompañar a los creyentes en un camino de fe integral, profundo y humano, en el que el corazón, la mente y la voluntad convergen en el encuentro con Cristo “de corazón a corazón”.

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04 marzo 2026, 13:27