2025.02.21 violenza contro i bambini, rapimento, tratta di persone

Día contra la trata de personas: Un fenómeno grave y casi invisible

En este aniversario, se reafirma la importancia del compromiso de las mujeres consagradas en la lucha contra una de las formas más odiosas de esclavitud contemporánea. Testimonio de una misionera comboniana, miembro de la red internacional Talitha Kum.

Eugenio Bonanata – Ciudad del Vaticano

Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se celebra hoy, volvemos a centrar la atención en la labor de Talitha Kum, la red internacional promovida por la Unión Internacional de Superiores Generales (UISG), presente en los cinco continentes y comprometida con la prevención, la protección de las víctimas y la sensibilización de la comunidad.


Una red para romper el silencio

«La importancia de este día radica en lograr que la gente comprenda la existencia de la trata de personas», explica la hermana María Rosa Venturelli, misionera comboniana que lleva años trabajando en la red contra la trata. Este objetivo, subraya, requiere información precisa y responsable: «Necesitamos leer, investigar a fondo y comprender esta realidad sin conformarnos con relatos superficiales». Por ello, junto con otras religiosas y voluntarias, Talitha Kum promueve reuniones parroquiales, sesiones de capacitación e iniciativas de prevención dirigidas a las comunidades locales. Este trabajo, a menudo silencioso, es crucial para ayudar a la gente a reconocer un fenómeno que con demasiada frecuencia permanece invisible.

Las múltiples formas de esclavitud moderna

La trata de personas no se limita a la explotación sexual. «Significa esclavizar a las personas», observa la monja. Las víctimas pueden ser mujeres, hombres, niños o ancianos, y las formas de explotación son múltiples: desde el trabajo forzoso hasta la prostitución, desde el matrimonio infantil hasta el tráfico de órganos y la mendicidad organizada. Las monjas comenzaron a abordar esta realidad en la década de 1990, principalmente acompañando a jóvenes de otros continentes obligadas a la explotación sexual. Desde entonces, el fenómeno ha evolucionado, adaptándose a los cambios sociales y tecnológicos.

Crimen cada vez más organizado

Según la hermana Venturelli, los traficantes logran adaptar constantemente sus estrategias. «Son astutos y sagaces: cuando aprendemos a intervenir en un área, ya han inventado otra». Desde la pandemia, explica, gran parte de la explotación se ha trasladado de las calles a apartamentos privados y pequeños hoteles alquilados por horas. Incluso los barrios aparentemente tranquilos pueden ocultar situaciones dramáticas.

La misionera recuerda incidentes ocurridos incluso en elegantes barrios residenciales de la capital, y casos de violencia grave que demuestran la cercanía de este fenómeno a la vida cotidiana, aunque a menudo permanece invisible para la mayoría de la gente. El tráfico de personas, añade, también está estrechamente vinculado a la migración irregular, que se convierte en un terreno fértil para las organizaciones criminales. «Es uno de los mayores negocios lucrativos del mundo después del tráfico de armas», observa.

Los jóvenes en el centro de la prevención

Además de la asistencia a las víctimas, uno de los pilares del trabajo de Talitha Kum es la educación de las nuevas generaciones. Cada año, con motivo del Día Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el 8 de febrero, la red reúne a jóvenes líderes de los cinco continentes para desarrollar programas conjuntos de sensibilización. «Creemos que es fundamental trabajar con los jóvenes», afirma la hermana Venturelli.

En Italia, también, mediante colaboraciones con Cáritas y otras organizaciones eclesiales, se organizan encuentros en escuelas para educar sobre el respeto a la dignidad humana. «Los jóvenes deben comprender que nadie tiene derecho a explotar a otra persona, por ningún motivo».

Devolver la dignidad a los supervivientes

La red mantiene su compromiso de apoyar a quienes logran liberarse de la esclavitud. Los hogares familiares, gestionados por religiosos y laicos, ofrecen refugio y reconstrucción personal en espacios protegidos y privados. El camino, explica la misionera, es largo y complejo. Muchas mujeres han sufrido violencia desde la infancia y años de abuso que han destruido su capacidad de afrontar la situación. Por lo tanto, la recuperación requiere el esfuerzo conjunto de psicólogos, trabajadores sociales y educadores, llamados a reconstruir «la dignidad, la libertad y la identidad de una mujer libre». El acceso a la justicia también representa un paso crucial, porque, como nos recuerda la hermana Venturelli, «la esclavitud es lo opuesto a la justicia».

Pequeños gestos para cambiar la realidad

En su mensaje final, la misionera encomienda a cada persona una responsabilidad concreta. «Ya no miramos a la gente a los ojos», observa. Sin embargo, una mirada, un saludo o una conversación pueden despertar la posibilidad de escuchar un grito de auxilio. Para quienes sienten este llamado en sus corazones, concluye, el compromiso de combatir la trata se convierte en «un ministerio vivido con amor», capaz de transformar cada historia de liberación en «un camino de resurrección».

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30 julio 2026, 16:47