Los ataques aéreos israelíes cerca del castillo de Beaufort Los ataques aéreos israelíes cerca del castillo de Beaufort

Líbano: los bienes arqueológicos, culturales y religiosos amenazados

Desde Tiro hasta la ciudadela de Chamaa, pasando por el castillo de Beaufort: un recorrido a lo largo del frente donde la guerra no solo se cobra vidas y destruye ciudades. Arqueólogos y guardianes del patrimonio relatan el precio menos visible del conflicto: la pérdida de una memoria que abarca tres mil años de historia

Federico Piana - Ciudad del Vaticano

«Tiro se enfrenta a amenazas sin precedentes». La mirada de Samar Karam se posa en la antigua ciudad costera del sur del Líbano, uno de los mayores núcleos urbanos de la civilización fenicia, fundada muy probablemente en el tercer milenio a. C., y se le llena de dolor. Porque los ojos de la responsable de los yacimientos arqueológicos e históricos del norte del Líbano, dependiente del Ministerio de Cultura libanés, no pueden dejar de ver las heridas infligidas a una de las zonas arqueológicas más importantes del Mediterráneo, incluida en el Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Daños enormes

«Desde 2024, y en particular desde la escalada del conflicto israelí de 2026, los elementos arqueológicos y urbanos del yacimiento han estado expuestos a repetidos bombardeos en las inmediaciones. Estos ataques han provocado daños directos e indirectos que ponen en peligro la integridad y la autenticidad de este patrimonio excepcional, que además goza de un estatuto de protección reforzada en virtud de la Convención de La Haya de 1954». Karam, en declaraciones a los medios de comunicación del Vaticano, no puede dejar de mencionar que, entre los daños de los que dispone de una amplia documentación, se encuentran los provocados por las bombas en Al-Bass, la puerta oriental de la antigua Tiro, situada en tierra firme a poca distancia del centro moderno de la ciudad. «La situación se agravó el pasado 7 de junio, cuando la zona fue alcanzada de forma casi directa. Los misiles causaron daños en las inmediaciones del yacimiento conocido como «City site» y tuvieron repercusiones directas en diversos elementos arqueológicos: se arrancaron columnas y capiteles romanos, otros capiteles quedaron destrozados, mientras que paneles de mosaicos y diversos hallazgos arqueológicos quedaron reducidos a escombros».

Patrimonio en peligro

Hay una imagen impactante que también llamó la atención de Joanne Farchakh Bajjaly, arqueóloga, periodista y coordinadora del programa «Cultural emergency response» de Biladi, una ONG que, en el País de los Cedros, se ocupa de la salvaguardia, la protección y la promoción del patrimonio histórico, cultural y natural. Se trata de un ataque israelí que ha azotado Tiro con una fuerza que ha provocado sacudidas similares a las de un terremoto: «La explosión llegó incluso a arrancar de cuajo la corona de una columna de una capilla. La lanzó a decenas de metros de distancia y cayó al suelo reducida a polvo». Farchakh Bajjaly compara la agresión al patrimonio artístico y cultural con el asesinato de una persona. «Una vez destruido —nos explica—, no hay forma de devolverlo a la vida. Y cualquier otro intento en ese sentido puede parecer artificial».

Chamaa, yacimiento atacado

A unos veinte kilómetros de Tiro, el dolor de la arqueóloga Karam probablemente se hace más agudo. En una colina que domina la costa mediterránea, y donde durante siglos cruzados, mamelucos y otomanos controlaron la llanura y el mar, se encuentran los restos de la fortaleza de Chamaa, un punto estratégico por estar en la frontera con Israel. «Los ataques han sido numerosos y repetidos, y los daños, considerables. El 12 de abril de este año, su maqam, su santuario, y el minarete quedaron completamente arrasados. Pero aún más preocupante es el hecho de que el yacimiento se encuentre en una zona bajo el control del ejército israelí. Y esto impide cualquier evaluación independiente del estado real del monumento, así como cualquier intervención de salvaguardia o estabilización de emergencia». La fortaleza de Chamaa también figura desde hace tiempo en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco y goza de una protección reforzada. Pero no ha servido de nada.

Ataques selectivos

Cuando Farchakh Bajjaly piensa en Chamaa, le viene a la mente que el pueblo se encuentra dentro de las murallas de la ciudadela, donde hay un santuario muy grande dedicado a San Pedro, que en árabe se llama San Pedro Simeón. «Y este santuario es uno de los que en el Líbano tiene una doble función religiosa: una para los musulmanes chiítas y sunitas y otra para los cristianos. Pues bien, este santuario ha quedado completamente arrasado por los misiles». Por eso se atreve a afirmar que la guerra actual, en el fondo, ha apuntado deliberadamente contra el patrimonio artístico y cultural libanés. «No se trata de daños colaterales. ¿Por qué? Porque, además de los yacimientos arqueológicos, también se han atacado los monumentos históricos de los pueblos, sobre todo los de los pueblos del sur. Que están siendo arrasados con excavadoras».

Beaufort, daños generalizados

El castillo de Beaufort, más conocido por su nombre árabe de Qalaat al-Chaqif, se encuentra a una hora en coche de Tiro. Construida por los cruzados en el siglo XII, la fortaleza que domina todo el valle del río Litani fue ocupada el pasado mes de mayo por soldados israelíes. Lo que preocupa a la responsable del Ministerio de Cultura libanés no son solo los numerosos daños que los bombardeos han provocado también en las inmediaciones del yacimiento. «Esta situación —insiste Karam— plantea la cuestión fundamental de la protección de los bienes culturales en tiempos de conflicto armado y del respeto de las obligaciones previstas por el derecho internacional humanitario en relación con los bienes que gozan de una protección reforzada».

Iglesias y mezquitas destruidas

Una consideración que también se aplica al patrimonio islámico y cristiano. Si tuviéramos que enumerar todas las mezquitas e iglesias destruidas o dañadas señaladas por Karam, no bastarían todas las páginas de un periódico. Desde «la mezquita de Nabi Shu‘ayb, una de las más antiguas de la región de Jabal Amel, hasta las tres iglesias históricas representativas de las confesiones maronita, ortodoxa y católica, situadas respectivamente cerca del Hotel Palmyra —un museo viviente del siglo XX en Oriente Medio—, de al-Manshiyya y de la entrada al complejo de Baalbek», afirma Karam, solo por citar algunos ejemplos. Lamentablemente, son parciales e insuficientes.

 

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26 junio 2026, 17:21