Los saludos al final de la Audiencia General del miércoles 13 de mayo de 2026 Los saludos al final de la Audiencia General del miércoles 13 de mayo de 2026

Médicos y voluntarios ante el Papa por una atención que derriba barreras

Al término de la audiencia general, saludaron a León XIV unos cincuenta médicos del Hospital de Asiago, Italia, las Hijas de San Camillo y los jóvenes voluntarios del grupo “Cien brazos”, que asiste a los más frágiles. El Pontífice bendijo también la campana mayor de la iglesia de San Nicolás en Valencia, España.

Fabrizio Peloni - Ciudad del Vaticano

Abierta con el homenaje de León XIV a Juan Pablo II, la audiencia general de esta mañana, miércoles 13 de mayo -45º aniversario del atentado a Wojtyła y memoria litúrgica de la Virgen de Fátima-, estuvo marcada por numerosas historias que, de alguna manera, reavivaron en la Plaza de San Pedro el recuerdo del Pontífice polaco.

"Hace treinta y cuatro años, san Juan Pablo II, mediante una carta al cardenal Angelini, instituía la Jornada Mundial del Enfermo. Hoy, junto a los médicos y el personal sanitario de nuestro hospital -que acaba de cumplir 80 años- estamos aquí para reafirmar la importancia del cuidado del enfermo y, como León XIV subrayó en su reciente estancia en Nápoles, el valor de crear redes tanto en la comunidad laboral como en la que vivimos".

Así lo afirmó, poco antes de encontrarse con el Papa, el padre Federico Fabbris, capellán del hospital de Asiago, convencido de que "cada uno de nosotros puede ser un buen samaritano, sin olvidar la cercanía con las personas que han perdido a un ser querido; me vienen a la mente las familias de jóvenes, lamentablemente cada vez más, que se han quitado la vida". El nutrido grupo de más de 50 personas estuvo encabezado por el director general Giovanni Carretta, quien, al subrayar la importancia de la humanización de los cuidados, destacó el papel fundamental de cada figura profesional que "opera dentro de un hospital, hacia quienes siempre se debe dirigir una gran atención y gratitud".


"Cien brazos" al servicio de los más frágiles

A poca distancia se encontraba un grupo de sesenta personas, entre hermanas Hijas de San Camilo y jóvenes voluntarios del grupo “Cien brazos”, quienes juntos -en el barrio romano del Esquilino- viven el carisma del servicio a los enfermos, a los ancianos solos y a las personas más vulnerables.

"El contexto urbano en el que operamos es complejo y está marcado por profundas fragilidades", sostiene la superiora general, Zelia Andrighetti. "Estamos aquí para pedir al Santo Padre que bendiga nuestra labor y la Casa Madre en Via Giusti, donde hace 115 años murió la fundadora de la orden religiosa, santa Giuseppina Vannini, un punto de referencia para los muchos enfermos y personas sin hogar de la zona".

Junto a la madre Andrighetti, una de las voluntarias recordó que el nombre del grupo se inspira en la frase de San Camilo de Lellis: "Quisiera tener cien brazos para servir a todos los pobres y enfermos del mundo", subrayando además cómo "la vida volcada hacia los demás es plena y hermosa, derriba barreras y crea relaciones únicas".

Como la que mantuvieron con Slobodan, "un hombre de 74 años a quien cuidamos y que vivía en un ático. Hoy puedo decir que nosotros fuimos sanados por sus llagas".

Desde Triggiano, en la provincia de Bari, un centenar de fieles de la parroquia dedicada a San José Moscati, el médico santo, participaron en la audiencia general para pedir al Pontífice que "bendiga las cuatro cruces de la nueva iglesia que será consagrada el próximo 5 de septiembre", relató el párroco don Alessandro Manuele, destacando la especial "atención, dentro de nuestra comunidad, a la asistencia y al cuidado de quienes tienen problemas de salud".


De Grecia y España

En cuanto a la puesta en valor de la colaboración académica con las universidades pontificias, resultó significativa la presencia de una representación de Grecia de la Universidad Aristóteles de Tesalónica -la más grande del sureste de Europa, fundada en 1915-, encabezada por el rector Kiriakos Anastasiadis y acompañada en la plaza por monseñor Andrea Palmieri, subsecretario del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

Como muestra del gran patrimonio histórico-cultural italiano, asistió a la audiencia la banda de música de Tolfa, que este año cumple 160 años, y cuya directora, Stefania Bentivoglio, es también la alcaldesa del municipio. Asimismo, desde Palombara Sabina, dos “cerasare” de la Asociación La Palombella, vestidas con trajes históricos, regalaron al Papa una cesta con "el producto estrella de nuestra tierra: la cerasa, o cereza".

Al finalizar la audiencia, el Obispo de Roma bendijo la campana mayor de la iglesia de San Nicolás en Valencia (España), vinculada a la figura del Pontífice debido a que "Calixto III fue párroco de San Nicolás y, mediante un motu proprio, estableció que a partir de ese momento el Papa seguiría siendo el rector de la parroquia".

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13 mayo 2026, 17:54