Chiclayo. Czerny: colaborar con los demás por el bien de los más frágiles

En la 34ª Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra hoy en la diócesis donde fue obispo el entonces «monseñor Prevost», el prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral subraya que el amor por quienes sufren es salvífico, convierte los corazones y alimenta la fraternidad.

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

Estar cerca de quienes sufren por enfermedad lleva a la conversión del corazón, crea comunidad y es una expresión concreta del amor a Dios. Esto es, en resumen, lo que afirma el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en la homilía de la misa presidida en el Santuario de la Virgen de la Paz, en Chiclayo, Perú, con motivo de la celebración, hoy 11 de febrero, de la 34ª Jornada Mundial del Enfermo.

Amar no es una idea

Releyendo entre líneas el mensaje del Papa León «La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro» para el día de hoy, el cardenal, desde la tierra donde el pontífice fue obispo, subraya cómo este tipo de amor «no puede reducirse a una mera idea, fruto de reflexiones teológicas o sociológicas abstractas». Solo se puede hablar de este amor, precisa, a partir de la propia experiencia y fe personal, así como a través del recuerdo vivo de las ocasiones en las que hemos sido testigos de este amor «en acción». A continuación, hace referencia a las figuras bíblicas evocadas por la liturgia de hoy, unidas precisamente por ese amor que «puede dar vida, salud y salvación» y por el que debemos dar gracias.

Amar es conversión

El amor es un proceso de conversión, en el sentido más auténtico del término, reitera el jesuita. Se trata de «mirar con los ojos de Dios», de «no contentarse con proclamar fríamente profecías nefastas o anunciar diagnósticos trágicos, sino estar siempre dispuestos a cambiar de rumbo», para inclinarse con esperanza, una y otra vez, hacia el otro. Esta actitud es eficaz también como aglutinante social, ya que crea comunidad. Y, en memoria de Nuestra Señora de Lourdes, el cardenal evoca lo que ocurre dentro de los límites de ese santuario francés «cargado del dolor y las esperanzas de salvación de tantos hombres y mujeres. Ellos, en la diversidad de los ministerios vinculados a las necesidades de cada enfermo, juntos pueden dar mucho más de lo que, a primera vista, cabría esperar de cada uno por separado». La inspiradora y maestra es María.

Más allá del individualismo

Ser capaces de colaborar con los demás por el bien de todos y, sobre todo, de los más frágiles: es el don que el prefecto invita a pedir. En la ofrenda de lo que cada uno puede y «venciendo la tentación de ese individualismo desconfiado o, a veces, presuntuoso, que me aleja de mis hermanos en la misión de cuidar de los más necesitados». Nunca olvidemos, concluye, que nuestro amor por los demás es siempre una expresión concreta de nuestro amor por Dios y que, a la inversa, no podemos decir ni pensar que amamos a Dios sin recorrer el camino del amor.

 

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Misa de la Jornada Mundial del Enfermo en Chiclayo - Perú
11 febrero 2026, 17:00