La Santa Sede y los suicidios entre los jóvenes: el valor de la
Vatican News
La Santa Sede considera especialmente preocupante el estado de salud mental de los jóvenes, así como los datos relativos al suicidio, la tercera causa principal de muerte en su generación. Estos problemas a menudo pueden estar relacionados con crisis existenciales derivadas de la pérdida del sentido y el profundo valor de la vida humana. Por ello, junto con la atención profesional en salud mental, la atención espiritual tiene el potencial de brindar un profundo sentido de pertenencia, un propósito vital y una narrativa convincente de esperanza, en medio de las dificultades de la vida. Así lo destacó ayer, 3 de febrero, el arzobispo Ettore Balestrero, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en Ginebra, en una declaración pronunciada en la 158.ª sesión del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud. El orden del día de la sesión incluyó la salud mental como punto 7.
Para los jóvenes, las crisis pueden llevar a la desesperación.
En reconocimiento del informe del Director General de la OMS, Balestrero reiteró que «la salud mental es uno de los aspectos más desatendidos de la salud» y que, en todo el mundo, las personas con trastornos mentales «con frecuencia sufren estigma y discriminación, lo que puede conducir al aislamiento y la marginación». Los jóvenes, en particular, hoy en día «se enfrentan a numerosos desafíos de salud mental, que pueden llevar a la desesperación y al suicidio». La respuesta, para el Observador Permanente, reside en «reconocer y valorar mejor la dimensión espiritual y las necesidades de la persona humana». A través de la asistencia espiritual, los jóvenes «se dan cuenta de que no son un producto accidental del universo, sino que han sido creados a imagen y semejanza de Dios, amados y deseados por Él; la vida cobra sentido, incluso en medio del dolor y el sufrimiento».
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