Monsignor Gallagher en la Misa en la Iglesia de Nossa Senhora da Graça,  en Praia, Cabo Verde Monsignor Gallagher en la Misa en la Iglesia de Nossa Senhora da Graça, en Praia, Cabo Verde 

Gallagher: la verdadera paz nace de la fraternidad, solo en Dios el hombre está seguro

En Cabo Verde, con motivo del 50º aniversario de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, el arzobispo secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales celebró ayer, 10 de mayo, la misa en la parroquia de Nossa Senhora da Graça, en Praia. El prelado destacó que la seguridad no nace del armarse, sino de la confianza en Dios y en su amor.

Lorena Leonardi - Ciudad del Vaticano

Para alcanzar la «verdadera paz» de la que el mundo «necesita desesperadamente», hay que recordar que somos hijos del mismo Padre y hermanos en la humanidad: «Es falsa la idea de que cuanto más armados estemos, más seguros estaremos», porque «solo en el poder de Dios podemos estar verdaderamente seguros». Así lo destacó el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, en la misa celebrada ayer, domingo 10 de mayo, en la iglesia de Nossa Senhora da Graça, en Praia, Cabo Verde. El prelado se encuentra de visita en la República insular africana hasta el 14 de mayo, con motivo del 50º aniversario de las relaciones diplomáticas.

En defensa de la dignidad de las personas

En la homilía, repasando la historia de las relaciones entre Cabo Verde y la Santa Sede, el prelado recordó el acuerdo bilateral firmado en 2013 como sello de una «larga colaboración» entre el Estado y la Iglesia local, hoy particularmente visible en el ámbito de la educación y la asistencia social, aunque «las negociaciones en curso para su plena aplicación contribuirán sin duda a reforzar aún más el estatus y la presencia de la Iglesia en la sociedad caboverdiana», señaló. Gallagher reiteró el derecho y el deber de la Iglesia de «expresar un juicio moral cuando están en juego los derechos fundamentales y la dignidad de la persona», también a la luz de la «contribución significativa» ofrecida al desarrollo de la nación no solo en las últimas décadas, sino desde hace siglos, «pues la diócesis de Santiago de Cabo Verde celebrará muy pronto 500 años». El celebrante citó entonces las «numerosas obras de caridad» con las que la Iglesia «cuida de los más vulnerables» siguiendo la estela de la misión de Cristo y de la «buena nueva de la dignidad de cada persona, en particular de los pobres». Una misión que se puede llevar a cabo en la «libertad garantizada por el Estado», añadió, expresando «sincera gratitud» a las autoridades del país por la «buena colaboración» en beneficio de toda la sociedad local.

Fieles presentes en la misa
Fieles presentes en la misa

Del respeto mutuo, una colaboración eficaz

Destacó además que los vínculos entre los dos Estados son «duraderos», marcados por el «respeto mutuo» y garantes de «una colaboración eficaz»: el fin último sigue siendo «el servicio a la persona humana, para que pueda ejercer plenamente sus derechos y cumplir adecuadamente con sus deberes». Al comentar la lectura del día, tomada del Evangelio de Juan (14, 15-2) sobre el discurso de Jesús a sus discípulos durante la Última Cena, Gallagher subrayó que el amor engendra amor y que la observancia de los mandamientos es la respuesta al amor gratuito de Dios, que se derrama «sobre nosotros independientemente de nuestras fragilidades, faltas y pecados». Del mismo modo, prosiguió, «el amor de Dios nos une en un vínculo de fidelidad, amistad y comunión», y parafraseando al doctor de la Iglesia San John Henry Newman, Gallagher concluyó que «Dios es amor y nos ha creado a su imagen y semejanza; por lo tanto, amar es parte integrante de nuestra naturaleza».

Llamados a vivir en el amor

A ese amor la Iglesia responde «a través de su misión, en primer lugar, mediante el anuncio de la verdad del Evangelio y luego con su acción», especialmente «en los campos de la educación, la salud y el servicio social», continuó el prelado, y «no para obtener ventajas temporales», aclaró, sino «en beneficio de toda la humanidad». Así, preocupada por el «desarrollo humano integral», la Iglesia enseña el principio de la «destinación universal» de los bienes y reitera el derecho de cada uno a acceder a los «bienes necesarios para su propio desarrollo»: no una «concesión», sino un «derecho natural, arraigado en la dignidad humana, que precede a todo ordenamiento jurídico», cuyo ejercicio requiere un orden «justo, fundado en normas compartidas a nivel nacional e internacional». Si en la creación y en la encarnación «Dios reveló su amor», en la muerte y resurrección de Cristo dio «la prueba suprema»: llamados a vivir en el amor, esto se manifiesta concretamente en la obediencia. Y si bien el Señor nunca habló de una vida «sin desafíos ni dificultades», también aseguró que «no nos dejará solos ni huérfanos» y prometió el don de la paz, que «no es simplemente la ausencia de conflictos o problemas, sino —concluyó Gallagher— plenitud de vida y de bien».

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11 mayo 2026, 16:39