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Groenlandia, el párroco de Nuuk: "Nuestra casa no está a la venta"

En pleno contexto de tensiones geopolíticas, el sacerdote esloveno Tomaž Majcen, que guía a la pequeña comunidad católica de la isla ártica, ofrece su testimonio a los medios vaticanos: "Los groenlandeses se sienten heridos porque existe una fuerte conciencia de que voces poderosas y lejanas hablan de su tierra sin conocerla realmente".

Valerio Palombaro – Ciudad del Vaticano

"Groenlandia es nuestra casa y queremos decidir nosotros mismos su futuro". Una "determinación silenciosa" recorre las heladas calles de Nuuk, que con unos 20.000 habitantes es la principal ciudad de Groenlandia. Así describe a los medios vaticanos el sentimiento predominante entre los habitantes de la isla más grande del mundo el padre Tomaž Majcen, sacerdote esloveno de la Orden de los Frailes Menores Conventuales, que desde hace unos dos años y medio es párroco de la iglesia de Cristo Rey, la única parroquia latina presente en los más de dos millones de kilómetros cuadrados de hielo y tierra de Groenlandia.

Territorio periférico con apenas 56.000 habitantes, Groenlandia se ha convertido hoy en el centro de disputas geopolíticas globales por las tierras raras y los recursos energéticos.

"La atmósfera en Nuuk parece tranquila, pero interiormente es intensa", cuenta el padre Tomaž, quien desde que aceptó en el verano de 2023 la invitación del obispo de Copenhague para hacerse cargo pastoralmente de la comunidad católica de la isla ártica ha aprendido a conocer a sus habitantes: "Son personas que tienden a observar, escuchar y reflexionar profundamente antes de hablar. Pero en los últimos meses he percibido cierto malestar en la vida cotidiana. Se habla de política global más que antes: en las tiendas, en las mesas de los cafés e incluso después de las celebraciones religiosas".

Muchas personas, relata el religioso esloveno, "se sienten heridas más que enfadadas" al escuchar al presidente estadounidense Donald Trump hablar de Groenlandia "en términos de intereses estratégicos o de propiedad".

"Se sienten tocadas en su dignidad -explica-: los groenlandeses no quieren ser vistos como un 'territorio' o una 'solución' a los problemas ajenos. Quieren ser reconocidos como un pueblo con una historia, una lengua, una cultura y una fe". El miedo, según el padre Tomaž, no es el sentimiento predominante, "pero hay una fuerte conciencia de que voces poderosas y lejanas hablan de Groenlandia sin conocerla realmente. Esto genera una sensación de vulnerabilidad, pero también de unidad".


La pequeña pero viva comunidad católica

Esa unidad encuentra alimento y fundamento en las comunidades de creyentes. Cerca del 90 % de los groenlandeses pertenece a la Iglesia evangélica luterana, profundamente arraigada en la historia y la identidad del pueblo. "Los católicos somos una minoría muy pequeña: aquí en Nuuk hay unos 500 católicos y en toda Groenlandia alrededor de 800, procedentes de diversas naciones, lenguas y contextos". Muchos llegan de Filipinas y de Europa: "Nuestra parroquia es pequeña, pero muy viva".

La Iglesia en Groenlandia, aunque numéricamente reducida, tiene según el párroco de Nuuk un papel importante al recordar que "una tierra nunca es solo tierra. Siempre está vinculada a las personas, a los recuerdos, a los antepasados y a las generaciones futuras".

Cada domingo, en las iglesias evangélicas luteranas se elevan oraciones por el Reino de Dinamarca y por el gobierno autónomo de Groenlandia. Esta iniciativa, promovida por Paneeraq Siegstad Munk, obispa de Groenlandia de la Iglesia evangélica luterana, se inserta en un contexto geopolítico sin precedentes.

"Las iglesias -insiste el padre Tomaž- ofrecen algo silencioso pero poderoso: oración, presencia, escucha y fundamento moral. Cuando hablamos de la creación como don de Dios y de la dignidad humana, ya estamos diciendo algo muy fuerte contra la reducción de Groenlandia a un objeto estratégico. Groenlandia no debe convertirse en un tablero de ajedrez de intereses globales".

Bautismo en la parroquia católica de Nuuk
Bautismo en la parroquia católica de Nuuk


Una cuestión de dignidad

El contexto actual podría reforzar en los groenlandeses el deseo de independencia. "La gente es realista -acota el presbítero-: sabe que la independencia no es solo un sueño, sino también una gran responsabilidad. Economía, educación, atención sanitaria: todo eso cuenta. Lo que escucho con más frecuencia no es 'queremos romper ahora', sino más bien 'queremos crecer desde dentro'".

Lo que resulta muy claro, en cualquier caso, es que los groenlandeses no quieren “cambiar” una forma de dependencia por otra. "La idea de ser absorbidos o dominados por otra potencia es ampliamente rechazada -afirma-. Para muchos, la independencia es una cuestión de dignidad, supervivencia cultural y respeto por sí mismos".

El padre Majcen describe también las sensaciones provocadas por la llegada de un pequeño grupo de soldados europeos y de la OTAN. "Cualquier presencia militar suscita interrogantes, pero generalmente se percibe de manera distinta a un interés extranjero agresivo. La mayoría la entiende en el marco de la cooperación y de la responsabilidad compartida por la seguridad en la región ártica. No hay entusiasmo por la militarización, pero sí conciencia de que el Ártico se ha vuelto estratégicamente importante".

La paz entre los hielos

Todo ello remite inevitablemente al cambio climático. "Aquí -afirma el párroco de Nuuk- no es una teoría, sino algo que se ve con los propios ojos. La estructura del hielo cambia, las estaciones cambian y los cazadores hablan de cómo la naturaleza ya no se comporta como antes". Y la vida entre los hielos lleva a desprenderse de lo superfluo.

"Como sacerdote, a menudo siento que esta tierra misma enseña a orar. El silencio, la inmensidad, la fragilidad: todo invita a la humildad. Preservar el entorno de Groenlandia debe comenzar por el respeto: respeto por la naturaleza, por los saberes indígenas y por las generaciones futuras".

"Debemos recuperar la idea de que la Creación no nos pertenece para explotarla, sino para cuidarla -concluye-. Política y económicamente, las decisiones deben ser lentas, cuidadosas y arraigadas en la responsabilidad a largo plazo, no en el beneficio inmediato. Porque una vez que esta tierra resulta dañada, no puede restaurarse fácilmente".

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23 enero 2026, 13:23