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 Padre Belmiro imparte la unción de los enfermos a una mujer anciana, acompañado de una Pequeña Misionera Padre Belmiro imparte la unción de los enfermos a una mujer anciana, acompañado de una Pequeña Misionera   #SistersProject

Brasil: El amor y la paciencia de las Pequeñas Misioneras con los ancianos

En una residencia en el sur de Brasil, las Pequeñas Misioneras de María Inmaculada testimonian el valor de la vida, el poder transformador de la acogida amorosa, la atención a las necesidades del prójimo, y comparten la misión con un sacerdote, también él residente.

Sor Ruth Santana

Entre las actividades de cuidado cotidiano de más de 100 ancianos, la comunidad religiosa de las Pequeñas Hermanas Misioneras de María Inmaculada, en Río do Oeste/SC, en el sur de Brasil, acompaña los cambios en la vida de aquellos que reciben amor. Además, ofrecen a aquellos que están todavía en las condiciones, la oportunidad de contribuir en el ambiente en el que viven, sintiéndose responsables. El actual capellán, que es el sacerdote más anciano de la diócesis, reconoce estar en un recorrido de conversión, aceptación y descubrimiento.

Pequeñas acciones que marcan la diferencia

Desde hace más de 30 años en la misión con los ancianos, sor Denise Cristina es enfermera y directora de la obra. A pesar de todas las tareas administrativas y los compromisos necesarios para mantener las actividades de la misión, la religiosa no deja de ir a encontrar a los huéspedes durante el día, ayudándoles en la alimentación y en los cuidados físicos. Según ella, desarrollar una mirada atenta es fundamental: “Las cosas pequeñas marcan la diferencia en la vida de los ancianos. Muchas veces, ya no pueden hablar, están sufriendo, quieren un vaso de agua y no pueden pedirlo”.

Las actividades básicas como hablar, escuchar, ver o caminar a veces ya se ven comprometidas y los huéspedes dependen de quien está con ellos. Se trata, según ella, de ocasiones para vivir en el Evangelio en la práctica.

Sor Denise ayuda a las personas ancianas a comer
Sor Denise ayuda a las personas ancianas a comer

El amor que transforma

Entre el sufrimiento físico y las necesidades primarias de atención y cuidado, sor Denise considera que el amor es el elemento más importante en la convivencia con los ancianos. La hermana ha subrayado que “quien ha recibido amor en la vida, en el sufrimiento está sereno y en paz”. Por otro lado, ha afirmado la hermana, para aquellos que en la vida no se han sentido amados y llegan llenos de rebelión, “qué importante es un gesto de acogida, de comprensión de su momento de sufrimiento; y esto cambia, también con la edad. Dar amor donde no hay amor, transforma realmente”.

Asistencia espiritual y cuidado del alma

La conciencia de que esta es una fase de la vida de preparación al encuentro con Dios requiere, además de los cuidados físicos, también la asistencia espiritual. La presencia del padre Belmiro, que reside en la casa y tiene 93 años, es para las monjas una señal de la divina providencia. “Con tantas comunidades alrededor, el párroco no sería capaz de ofrecer la asistencia de la disponemos aquí”, ha afirmado sor Denise, refiriéndose al sacerdote que celebra la misa cada día y ofrece asistencia espiritual a los ancianos, su disponibilidad para escuchar las confesiones, para dar bendiciones y administrar la unción de los enfermos, dentro de los límites de sus posibilidades físicas.

Padre Belmiro celebra la Misa en la capilla de la residencia
Padre Belmiro celebra la Misa en la capilla de la residencia

Aprender la mansedumbre y la humildad

El padre Belmiro llegó a la residencia hace tres años, por propuesta del obispo. Teniendo dudas todavía sobre lo que le esperaba, se decidió y permaneció sorprendido de la alegría de las hermanas: “Si puedo dar esta alegría a las hermanas, a los ancianos, entonces esta es mi misión”. Frente a los límites impuestos de la edad avanzada, reconoce estos años como un proceso de conversión: “He aprendido a ser más manso”.

El sacerdote considera que uno de los desafíos en el proceso de envejecimiento y la consecuente reducción de la capacidad física y de la autonomía, es ver todo lo que hay que hacer y que no siempre se es capaz de realizarlo. Y así cuenta su segunda gran lección: “ser capaces de crecer en la humildad de dejar que los otros nos ayuden”.

Oportunidad de hacer el bien

Al igual que el sacerdote, también los otros residentes se ponen a disposición para tareas que están a su alcance. Es el caso de Dona Lourdes, 92 años, que, además de ayudar con la costura, prepara las macetas de flores del jardín para algunos ambientes, como la gruta dedicada a la Virgen de Lourdes, en la zona externa de la casa. “Me siento bien aquí, y es una gran gracia cuando puedo hacer el bien a una persona”, afirma Dona Lourdes, “si no puedo hacer nada materialmente, al menos espiritualmente es posible”, refiriéndose a los momentos en los que se pone junto a quien está necesitado.

Sor Denise y Dona Lourdes rezan delante de la imagen de la Virgen
Sor Denise y Dona Lourdes rezan delante de la imagen de la Virgen

Palabras de sabiduría para los jóvenes

En su Mensaje para la V Jornada Mundial de los Abuelos y de los Ancianos, el Papa León XIV ha escrito que “es verdad que la fragilidad de los ancianos necesita del vigor de los jóvenes, también es verdad que la inexperiencia de los jóvenes necesita del testimonio de los ancianos para trazar con sabiduría el porvenir”. La experiencia de vida de los ancianos se convierte en una escuela para quien se dedica a escucharlos. A propósito de los jóvenes de grupos o escuelas que visitan la casa, sor Denise ha afirmado: “Se van de aquí con una riqueza en el corazón, sabiendo valorar lo que es esencial, lo que no pasa”.

 

 

 

 

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05 febrero 2026, 14:44