La Salle, un carisma educativo que sigue formando “de corazón a corazón"
Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano
La familia lasaliana celebra este 15 de mayo la fiesta de san Juan Bautista de La Salle, patrono de los educadores, cuya herencia espiritual y pedagógica continúa inspirando a miles de comunidades educativas en el mundo. Aunque la memoria litúrgica del santo francés se conmemora el 7 de abril -fecha de su muerte, ocurrida en 1719-, los Hermanos de las Escuelas Cristianas trasladan tradicionalmente la celebración al mes de mayo, una época más propicia para compartirla con alumnos, docentes y familias.
“El 15 de mayo tiene también un valor especial porque ese día, en 1950, Pío XII declaró a san Juan Bautista de La Salle patrono de los educadores cristianos”, explica el hermano Josean Villalabeitia, postulador general del Instituto, en entrevista con Radio Vaticana - Vatican News.
Un referente para la educación moderna
Más de tres siglos después de la fundación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, el legado de La Salle sigue mostrando una sorprendente actualidad. Su figura es reconocida no solo en la Iglesia, sino también en el ámbito pedagógico y académico como uno de los grandes renovadores de la educación moderna.
“No hay una facultad de pedagogía o de educación que profundice seriamente en estos temas y que no se refiera a Juan Bautista de La Salle”, afirma, subrayando la relevancia de su propuesta educativa, especialmente por haber puesto a los jóvenes y a los más necesitados en el centro del proceso formativo.
Entre las intuiciones más innovadoras del santo francés destaca el uso de la lengua vernácula -el francés- en lugar del latín en las aulas, una decisión que en su tiempo suscitó críticas y resistencias. Sin embargo, los resultados obtenidos por sus escuelas terminaron consolidando un modelo pedagógico que marcaría profundamente la enseñanza contemporánea.
La misión educativa de los laicos
El hermano Villalabeitia destaca además otro rasgo distintivo del carisma lasaliano: la confianza depositada en los laicos como protagonistas de la misión educativa de la Iglesia.
“La Salle decía que el mundo de la escuela necesita un hombre entero”, recuerda, resaltando cómo el fundador comprendió la importancia de educadores plenamente dedicados a acompañar a los jóvenes.
Según explica, la bula pontificia de aprobación del Instituto, publicada en 1725, es considerada por especialistas como el primer documento pontificio que confía explícitamente a los laicos una misión apostólica específica en la Iglesia: la catequesis escolar.
Un camino de santidad que continúa
Actualmente, el Instituto cuenta con 14 santos -entre ellos diez mártires- y 153 beatos, además de nueve venerables cuyas virtudes heroicas ya han sido reconocidas oficialmente por la Iglesia. La Postulación General continúa acompañando diversas causas de beatificación y canonización en distintas partes del mundo.
“Es un trabajo siempre abierto”, comenta el postulador general, señalando que la santidad lasaliana sigue manifestándose en el testimonio silencioso y cotidiano de quienes viven su vocación educativa con entrega y fidelidad.
Educar en fraternidad y cercanía
La fiesta de san Juan Bautista de La Salle se celebra especialmente en colegios, escuelas y obras educativas, donde la dimensión comunitaria ocupa un lugar esencial. “No existe un lasaliano que viva su identidad actuando solo”, afirma Villalabeitia. La interioridad, la fraternidad y el ministerio educativo forman parte inseparable del carisma heredado del fundador.
En un contexto marcado por rápidas transformaciones culturales y tecnológicas, Villalabeitia insiste en que el mensaje lasaliano mantiene toda su vigencia. Por un lado, recuerda la necesidad de tomar en serio la educación de niños y jóvenes, evitando superficialidades o decisiones condicionadas únicamente por las modas del momento. Por otro, reivindica la importancia de las relaciones humanas en el proceso educativo.
“Las máquinas pueden ayudar, pero nunca sustituir la relación entre las personas”, sostiene. Y evoca una expresión muy querida por san Juan Bautista de La Salle: educar “de corazón a corazón”.
La actualidad del legado lasaliano
El fundador exhortaba a los maestros a tratar a sus alumnos “con la firmeza de un padre y la ternura de una madre”, una pedagogía basada en la cercanía, la atención y el acompañamiento constante. “No os olvidéis nunca de que sois hermanos entre vosotros y hermanos mayores de vuestros alumnos”, repetía a los educadores.
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