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La ceremonia de erección de la nueva diócesis. La ceremonia de erección de la nueva diócesis. 

Filipinas: el Vicariato Apostólico de Calapán se convierte en diócesis

Tras casi noventa años de presencia misionera, toma posesión en la nueva circunscripción eclesiástica el primer obispo. Monseñor Moisés Cuevas invita a los fieles a continuar el camino de la evangelización, el servicio a los pobres y a los pueblos indígenas mangyan, la defensa de la dignidad humana y el cuidado de la creación.

P. Kasmir Nema, SVD, y Kat Galdo Díaz - Ciudad de Calapan

Una lluvia torrencial e incluso un terremoto de magnitud 5,8 acompañaron, el 7 de agosto, una jornada destinada a pasar a la historia de la Iglesia en Filipinas. Los fieles católicos de la provincia de Mindoro Oriental se reunieron con motivo de la constitución canónica de la diócesis de Calapan y de la toma de posesión de su primer obispo, monseñor Moisés M. Cuevas.

Un hito que pone fin a casi nueve décadas de presencia y acompañamiento misionero y abre una nueva etapa para una comunidad llamada ahora a asumir plenamente su identidad como Iglesia local.

Una Iglesia que ha crecido entre las islas

Situada en la provincia insular de Mindoro Oriental, a unos 180 kilómetros de Manila, la Iglesia de Calapan se ha visto profundamente marcada por la geografía del territorio. Para llegar a algunas comunidades es necesario realizar largos desplazamientos, de hasta tres horas por tierra, a las que pueden sumarse otras tres horas de navegación.

Es en estas zonas donde generaciones de misioneros han garantizado la asistencia pastoral, la educación y el apoyo social. Con la erección de la nueva diócesis, la Iglesia católica en Filipinas cuenta ahora con 16 archidiócesis, 60 diócesis, cuatro prelaturas, un ordinariato militar y seis vicariatos apostólicos.

En el centro, monseñor Moisés Cuevas
En el centro, monseñor Moisés Cuevas

La misa por la erección canónica y la toma de posesión episcopal fue presidida por el arzobispo Charles John Brown, nuncio apostólico en Filipinas, en presencia del arzobispo de Lipa, Gilbert A. Garcera, presidente de la Conferencia Episcopal Filipina, de una treintena de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y de cientos de fieles.

Al entrar en la catedral de San Benito, monseñor Cuevas veneró el crucifijo y roció a los fieles con agua bendita. Durante la celebración, el padre Nestor Julao Adalia, administrador apostólico saliente, proclamó la bula pontificia que erige la diócesis y nombra a Cuevas su primer obispo. A continuación, el nuncio lo acompañó hasta la cátedra, símbolo del ministerio episcopal de formar, santificar y guiar al Pueblo de Dios.

Cuevas: «Una Iglesia misionera, signo de unidad»

En su primera homilía como obispo diocesano, monseñor Cuevas repasó el largo camino de fe que ha llevado a la comunidad de Mindoro Oriental hasta este momento. «Convertirnos en diócesis no es simplemente un cambio institucional», afirmó. Se trata más bien de una llamada a «ampliar aún más la misión de Cristo, profundizar en nuestra fe, servir a los pobres, guiar a los jóvenes, acompañar al pueblo mangyan, defender la dignidad de cada persona y de cada familia, apoyar la justicia y la paz, y cuidar de nuestra casa común». De ahí el llamamiento dirigido a los fieles: «Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, construyamos una Iglesia, signo de unidad, una Iglesia misionera».

Precisamente durante la Eucaristía, un terremoto de magnitud 5,8 sacudió la vecina provincia de Mindoro Occidental y se sintió claramente en el interior de la catedral. Los fieles mantuvieron la calma y la celebración continuó. Una circunstancia que, en palabras de Cuevas, puso de relieve la necesidad de continuar la misión de la Iglesia en medio de los retos concretos de la vida cotidiana. «Convertirnos en diócesis significa ser enviados aún más plenamente como comunidad misionera, caminando juntos bajo la guía del Espíritu Santo».

 La entrada a la catedral de San Benito
La entrada a la catedral de San Benito

Casi noventa años de presencia misionera

Las raíces de la Iglesia de Calapan se remontan a 1936, cuando la Santa Sede instituyó la Prefectura Apostólica de Calapan, confiando su cuidado pastoral a la Sociedad del Verbo Divino (SVD). El primer prefecto apostólico, el verbita William Finnemann, sentó las bases de la obra misionera en Mindoro Oriental, que sus sucesores continuaron a través de la evangelización, la educación y la promoción social. En 1951, Pío XII elevó la circunscripción a vicariato apostólico, nombrando a monseñor Wilhelm Josef Duschak, SVD, primer vicario apostólico.

Le sucedió monseñor Simeon Valerio, también verbita. Se prestó especial atención a las comunidades indígenas mangyan, a las que se acompañó en su camino hacia unas condiciones de vida más dignas y en la lucha contra la pobreza, las catástrofes naturales y las amenazas medioambientales.

Otro hito importante se produjo en 1997 con el nombramiento de monseñor Warlito Cajandig, primer obispo originario de Mindoro Oriental. Durante sus 27 años de ministerio episcopal, promovió las comunidades eclesiales de base, reforzó los programas de preparación ante las catástrofes naturales y consolidó la relación de la Iglesia con los pueblos mangyan.

Tras la muerte de Cajandig, en 2023 monseñor Moisés Cuevas fue nombrado vicario apostólico de Calapan, acompañando a la comunidad en la última etapa del camino hacia su transformación en diócesis.  En marzo de 2026, el Papa León XIV elevó el Vicariato Apostólico a diócesis, reconociendo la madurez espiritual y el crecimiento pastoral alcanzados por la comunidad.

Un legado misionero que hay que continuar

El nacimiento de la diócesis no pone fin, por tanto, a la historia misionera de Calapan. Más bien representa un nuevo capítulo. Para los católicos de Mindoro Oriental es a la vez un don y una responsabilidad, fruto del trabajo de misioneros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que, a lo largo de las décadas, han contribuido al crecimiento de la comunidad.

Partiendo de sus raíces misioneras, la Iglesia de Calapan está llamada ahora a continuar su camino como Iglesia local: anunciando el Evangelio, permaneciendo junto a los pobres y a las comunidades indígenas, cuidando la creación y construyendo la comunión en la sociedad. Una comunidad agradecida por el camino recorrido y, como ha recordado su primer obispo, dispuesta a dejarse guiar de nuevo por el Espíritu Santo.

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07 agosto 2026, 18:29