Nuevo patriarca caldeo de Irak: "El regreso de los cristianos es el mayor desafío"
Federico Piana - Ciudad del Vaticano
Preocupación por los jóvenes que han perdido por completo la esperanza en el futuro de Irak, la inestabilidad de la región con tensiones por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el dolor de los cristianos que siguen emigrando, abandonando hogares y tierras. Pero esto no es todo lo que preocupa a Polis III Nona. En el corazón del nuevo Patriarca de Bagdad de los Caldeos, elegido hace apenas cuatro meses, también hay alegría por un evento eclesial aparentemente rutinario: la convocatoria, para el 28 de agosto, de la Asamblea de Obispos Católicos, que tendrá lugar en Ankawa, un distrito a pocos kilómetros al noroeste de Erbil, la capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí.
Los obispos no se han reunido colegiadamente desde 2021. «En esa ocasión, discutiremos la necesidad de que la Asamblea se reúna periódicamente, así como algunos temas fundamentales como la presencia de los cristianos en Irak y las maneras de proteger tanto a sus comunidades como los territorios en los que están históricamente arraigados», refiere el nuevo Patriarca
¿Habrá también otros temas eclesiásticos importantes sobre la mesa?
Nos dirigiremos a la Comisión Conjunta para la Catequesis, a los tribunales eclesiásticos y a la fraternidad Caritas. El camino sinodal es fundamental y necesario en el mundo actual. Estoy convencido de que la colaboración con otras Iglesias católicas nos fortalece y nos capacita para reflexionar y trabajar al servicio de nuestros fieles. Nadie puede hacerlo todo solo, ni esperar lograr todo lo que desea con sus propios esfuerzos. Por mis conversaciones con todos los obispos miembros de la Asamblea, es evidente que están muy satisfechos con la reanudación de las reuniones y deseosos de volver a trabajar juntos.
Los obispos también tendrán la oportunidad de reflexionar sobre la situación del país. ¿Cuál es la situación sociopolítica de Irak?
Desde el punto de vista de la seguridad, la situación interna del país es generalmente buena. Sin embargo, se empiezan a sentir los efectos negativos de las tensiones y el conflicto entre Estados Unidos e Irán, especialmente, en la economía iraquí: la población comienza a notar sus consecuencias en su vida cotidiana. Políticamente, existe la esperanza de que el gobierno actual pueda impulsar el cambio, consolidar un Estado fuerte basado en instituciones sólidas y combatir la corrupción, el principal enemigo de la nación.
¿Cuáles son las necesidades urgentes de la población, especialmente de los jóvenes, que se encuentran entre los grupos más vulnerables?
Es la falta de esperanza. Los jóvenes han perdido la esperanza en el futuro, en su propio país, en su patria y, en cierto sentido, en casi todo. En mi opinión, este es el desafío más grave, porque hace que los jóvenes se muestren reacios a comprometerse, a construir sus propias vidas y las de los demás, o a contribuir activamente a la construcción de la sociedad.
Y luego está el desempleo…
Sin duda, la escasez de oportunidades laborales y un contexto social en el que a veces les cuesta encontrar su lugar y realizarse son factores determinantes. A esto se suma otro desafío para los jóvenes cristianos: el deseo de emigrar. Como consecuencia, el número de matrimonios ha disminuido significativamente. Muchos jóvenes no desean formar una familia aquí porque tienen la intención de irse del país. Otros, en cambio, no se sienten atraídos por la idea de formar una familia en un contexto de incertidumbre. La falta de esperanza en el futuro de la nación, debido a la inestabilidad que caracteriza a toda la región, hace que los jóvenes no tengan interés en participar en la vida pública ni en aportar su granito de arena. Esto también constituye un grave problema, ya que son los jóvenes, sobre todo, quienes construyen una nación: sin su participación y compromiso, el futuro corre el riesgo de volverse cada vez más precario.
También está la cuestión del respeto a los derechos humanos. ¿Cuál es la situación?
En medio de la inestabilidad que azota Oriente Medio, la protección de los derechos humanos sigue siendo frágil e incierta. En general, no se han registrado violaciones graves y sistemáticas atribuibles a las directrices oficiales. Los problemas críticos se refieren principalmente al trato que algunas instituciones dan a sus miembros, así como al comportamiento en las relaciones personales. Sin duda existen abusos, sobre todo, en lo que respecta a ciertas propiedades, pero estos no parecen reflejar una postura oficial generalizada. Además, la protección efectiva de los derechos individuales se ve afectada por diversas cuestiones delicadas y graves, especialmente, la corrupción financiera. A esto se suma el control de los procesos de toma de decisiones ejercido mediante el poder económico o la influencia política.
Ahora que los yihadistas del ISIS ya no controlan el territorio, pero siguen operando como una red clandestina, ¿cuál es la situación concreta de la seguridad en el país?
Como mencioné anteriormente, la seguridad general es buena en todo el país. En las regiones históricamente habitadas por cristianos, los problemas de seguridad del pasado ya no existen. Persisten otros desafíos, como el cambio demográfico, el número limitado de cristianos que regresan a sus lugares de origen y, en general, la falta de servicios esenciales. Sin embargo, debido a la reciente guerra, existe el temor de que el país se vea arrastrado a un conflicto o se convierta en un campo de batalla entre las distintas partes involucradas. Hasta el momento, no han surgido problemas particularmente graves, pero la preocupación persiste.
Recientemente conmemoramos el duodécimo aniversario de la noche del 6 al 7 de agosto de 2014, cuando decenas de miles de cristianos se vieron obligados a huir de la llanura de Nínive. Usted vivió esos momentos junto a su pueblo. ¿Qué recuerdos guarda de esa noche y qué significado tiene ese aniversario para todos los cristianos hoy? ¿Hay algún rostro, algún encuentro o algún episodio de esas horas que jamás haya olvidado?
Aquel momento y aquella noche no se olvidan fácilmente: quedan grabados en la memoria y marcan profundamente la vida de uno. Recuerdo a decenas de miles de familias huyendo, algunas en coche, otras a pie, con el miedo llenándoles el corazón: se les veía en los ojos. El llanto de los niños era especialmente doloroso. Personalmente, me preocupaba mucho la situación de quienes aún no eran conscientes de la necesidad de huir y seguían en sus casas. Llamarlos e instarles a marcharse cuanto antes me generaba una profunda angustia y un gran temor por su destino.
En aquel momento, era el arzobispo caldeo de Mosul, al suroeste de la llanura de Nínive, y sintió todo el peso de la preocupación sobre sí mismo...
Nuestra mayor preocupación eran nuestras familias que aún permanecían en las aldeas de la llanura de Nínive. Por ello, contacté con los sacerdotes de algunas aldeas y visité personalmente otras, pidiéndoles que evacuaran a todos los que seguían allí lo antes posible, ya que sabíamos de antemano que el autodenominado Estado Islámico tenía intención de avanzar. Asegurarnos de que todos hubieran logrado escapar fue uno de los momentos más difíciles y angustiosos de aquella noche. Otro gran temor era no saber con quién podíamos contar para afrontar aquella dramática situación. Todas las instituciones del país estaban paralizadas. Nos vimos obligados a actuar basándonos en nuestra experiencia y en lo que creíamos, en aquel momento, que era la mejor opción. Esto también supuso un enorme desafío.
¿Qué ha cambiado para los cristianos desde entonces?
Sin duda, existe una diferencia significativa entre aquellos días y la situación actual. Ya no reina un clima de miedo intenso. Sin embargo, persiste cierta preocupación debido a la inestabilidad general. Durante ese período, los cristianos sufrieron grandes pérdidas, muchas de las cuales son irreparables. La consecuencia más grave afecta, sobre todo, al gran número de cristianos que han abandonado sus tierras y hogares, emigrando al extranjero o trasladándose a otras regiones del país. Se trata de una sociedad marcada por guerras y conflictos, inmersa en un difícil contexto regional caracterizado por la inestabilidad. Todo esto complica las relaciones y la vida en todos los sentidos. Por consiguiente, la libertad de vivir la fe no solo concierne a lo que sucede dentro de las iglesias, sino también a la posibilidad de que los cristianos estén presentes y participen libremente en todos los ámbitos de la vida social. Y estos últimos aspectos no pueden garantizarse plenamente sin encontrar obstáculos institucionales y sociales.
En su opinión, ¿cuál será el futuro de la llanura de Nínive, donde la reconstrucción material se ha llevado a cabo en gran medida, pero la reconstrucción demográfica está incompleta?
No es fácil predecir lo que sucederá. El mayor desafío que enfrentamos es la falta de retorno de todos los cristianos a esta región: muchos han emigrado de Irak, mientras que otros han optado por permanecer en zonas más estables. Su regreso depende de numerosos factores, incluyendo la estabilidad de la situación política y la esperanza de que no se repitan los dolorosos sucesos del pasado. Es necesario recuperar la confianza en el futuro para que cada cristiano pueda vivir libremente, con la seguridad de construir una vida estable y encontrar trabajo sin discriminación ni injerencias indebidas. También existe el desafío que supone el deseo de los diversos grupos de esta zona de imponerse unos sobre otros, así como el uso de la llanura como campo de batalla para el conflicto político y social. Como cristianos, por naturaleza y en virtud de nuestra fe, no deseamos entrar en conflicto con nadie. De hecho, nuestros fieles están cansados del conflicto y anhelan vivir en paz y tranquilidad. Lamentablemente, hasta la fecha, esta aspiración aún no se ha cumplido plenamente.
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