Ucrania, el aniversario más oscuro. Entre los escombros de un invierno sin fin
Mario Galgano - Leópolis (Ucrania)
Con el acercarse de la primavera, Ucrania sale con dificultad de lo que se ha definido unánimemente como el invierno más duro desde el inicio de la invasión. No ha sido solo una cuestión de temperaturas, sino de una campaña sistemática de Rusia destinada a desmantelar las infraestructuras energéticas del país, tratando de doblegar la resistencia de la población a través del frío y la oscuridad.
La guerra de los drones y el sacrificio de los civiles
A pesar de los importantes avances de la defensa aérea ucraniana y de una red eléctrica que se ha vuelto extraordinariamente resiliente, la amenaza ha evolucionado. Las armas de Moscú son ahora más letales, los enjambres de drones más masivos y las tácticas de ataque más estratégicas. El resultado es un país que lucha constantemente contra la oscuridad, con millones de ciudadanos obligados a sufrir drásticos racionamientos. Sin embargo, el costo humano sigue siendo el dato más dramático. Un informe reciente de las Naciones Unidas ha reflejado una realidad brutal: el 2025 ha sido el año más mortífero para los civiles ucranianos desde el fatídico 2022. Si al comienzo del conflicto era impensable imaginar una destrucción que se prolongara durante más de un año, hoy la perspectiva cambia radicalmente. La idea de que la guerra pueda prolongarse hasta 2030 ya no es una distopía irrealista, sino una posibilidad concreta que pesa como una losa sobre la conciencia colectiva.
El llamamiento de las Iglesias: «Una crisis de humanidad»
En este escenario de cansancio y dolor, esta mañana se ha alzado la firme voz de la Unión de todas las Iglesias cristianas de Ucrania. En un documento conjunto, los líderes religiosos han denunciado enérgicamente lo que definen como una guerra contra las infraestructuras y la energía, llevada a cabo por la Federación Rusa en total desprecio de las normas internacionales. El texto difundido es una dolorosa lista de heridas abiertas. En primer lugar, las persecuciones religiosas selectivas y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en los territorios ocupados. Luego está el drama del secuestro de niños ucranianos y el trato inhumano de los prisioneros, tanto militares como civiles. En este día de conmemoración, también se piensa en la crisis migratoria, descrita como la mayor de Europa en el siglo XXI. «Con la ayuda de Dios, gracias a la fuerza del espíritu de los soldados ucranianos y de la sociedad, el agresor ruso ha sido detenido», se lee en el comunicado. «Sus planes han sido destruidos y se han sentado las bases para la convivencia futura y el establecimiento de una paz justa y sostenible».
Un futuro en suspenso
Mientras los cielos vuelven a despejarse con el cambio de estación, el sentimiento que prevalece es una mezcla de resiliencia inquebrantable y profunda tristeza. Ucrania no se derrumba, pero el precio de su libertad sigue aumentando, lo que obliga al mundo a afrontar una realidad que muchos esperaban que fuera parte de los libros de historia.
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