Ucrania, los paramédicos voluntarios: «Cada vida es preciosa»
Svitlana Duckhovych – Ciudad del Vaticano
Desde hace más de diez años operan entre las explosiones, los escombros y las zonas más peligrosas del frente ucraniano con un único objetivo: salvar vidas humanas. Son los Ospitalieri, una unidad de paramédicos voluntarios fundada en 2014 por Yana Zinkevych, que se ha convertido en uno de los símbolos de la asistencia sanitaria de emergencia en tiempos de guerra. Las cifras reflejan la magnitud de su compromiso: unos 1.800 voluntarios han participado en las misiones y más de 43 mil heridos han sido evacuados gracias a su intervención.
Financiados por donaciones
Durante su reciente visita a Roma, donde participó en la audiencia general en la Plaza de San Pedro y saludó al Papa León XIV, Yana Zinkevych contó a los medios de comunicación del Vaticano la realidad cotidiana de un equipo que sigue operando exclusivamente gracias al voluntariado y a las donaciones. Aproximadamente el 85 % de los fondos procede de Ucrania, mientras que el 15 % restante proviene del extranjero. Ningún miembro recibe un sueldo; solo se reembolsan los gastos esenciales necesarios para llevar a cabo las misiones.
Cada vez más difíciles las operaciones de rescate en el frente
Detrás de cada evacuación no solo hay valor y espíritu de sacrificio, sino también una preparación rigurosa, capacidad para trabajar en equipo y una resiliencia extraordinaria. Los equipos, formados por tres o cuatro personas, afrontan juntos cada intervención compartiendo responsabilidades y riesgos. Según Zinkevych, entre el 90 y el 95 % de los heridos confiados a sus cuidados logran ser evacuados con vida. Los socorristas continúan con las maniobras de reanimación hasta la llegada al hospital, sin interrumpir nunca la asistencia, ni siquiera en las situaciones más desesperadas. Las operaciones, sin embargo, se han vuelto cada vez más difíciles. La evolución del conflicto ha modificado profundamente las condiciones sobre el terreno. Las llamadas kill zones, constantemente bajo fuego enemigo, a menudo hacen imposible llegar rápidamente hasta los heridos. Si en el pasado la evacuación podía llevarse a cabo en pocas horas, hoy en día algunos militares permanecen aislados durante días o incluso semanas antes de poder ser rescatados. Por este motivo, se recomienda a los soldados que lleven siempre consigo antibióticos y medicamentos esenciales, para limitar el riesgo de infecciones mientras esperan los socorros.
Formación y humanidad
La composición de la unidad también ha cambiado con el tiempo. Al principio, estaba formada casi exclusivamente por hombres. Hoy en día, hay prácticamente el mismo número de mujeres que de hombres, y muchas misiones las llevan a cabo precisamente voluntarias. La edad media es de apenas veinticinco años y numerosos exvoluntarios, tras su experiencia en los Ospitalieri, han asumido puestos de responsabilidad en los servicios sanitarios de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Solo una quinta parte de los voluntarios cuenta con formación médica al incorporarse a la unidad; el resto recibe una preparación a través de un intenso programa de formación. Para Yana Zinkevych, sin embargo, las competencias técnicas por sí solas no bastan. Las cualidades indispensables son la humanidad, el sentido de la responsabilidad y la capacidad de cuidar de los demás. Así lo demuestra también el hecho de que los Ospitalieri prestan asistencia no solo a los militares, sino también a los civiles, a los niños e incluso a los animales, gracias a una misión veterinaria humanitaria.
Misiones de alto riesgo
El precio que paga esta organización es altísimo. Desde 2014 han fallecido 39 voluntarios y 2024 ha sido uno de los años más dolorosos, con la pérdida de tres socorristas durante el servicio. Para la responsable, no se trata simplemente de compañeros de trabajo, sino de personas con las que ha compartido años de su vida. Acompañar a las familias en el duelo y respetar las últimas voluntades de los voluntarios fallecidos se ha convertido en una responsabilidad que considera parte integrante de su misión. La propia Zinkevych conoce de primera mano lo que significa la rehabilitación. Tras un grave accidente de tráfico ocurrido en 2015, se desplaza en silla de ruedas, pero sigue al frente de la organización. De esta experiencia surgió el proyecto de un centro de rehabilitación capaz de acoger hasta doscientas personas y atender a miles de pacientes cada año. Paralelamente, los Ospitalieri organizan cursos de primeros auxilios para la población civil, formando a decenas de miles de ciudadanos. Lo que sustenta esta iniciativa es una convicción que no ha cambiado desde el inicio de la guerra: toda vida humana merece ser salvada. Es este principio, junto con el deseo de garantizar un futuro a su país, lo que sigue impulsando a cientos de jóvenes voluntarios a situarse en primera línea cada día, transformando la solidaridad en un baluarte concreto de esperanza.
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