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Regina Caeli. El Papa: Que el Espíritu Santo abra las puertas que aún siguen cerradas

Este 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, tras haber celebrado la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV dirigió desde la ventana del Palacio Apostólico la oración mariana del Regina Caeli. En su alocución, el Pontífice invitó “como los primeros discípulos”, a encomendarnos “a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Incluso en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas”, esta fue la exhortación del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Caeli de este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la cual “estamos llamados a contemplar el don del Espíritu Santo, derramado en abundancia sobre la Iglesia naciente – indicó el Papa – y, hoy, nuevamente dispensado a sus miembros, como luz y fuerza que los acompaña en cada momento de la vida”.

El Espíritu abre las puertas

Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre indicó que, en esta solemnidad de Pentecostés podemos detenernos en una imagen del Espíritu que nos da la liturgia de hoy: el Espíritu abre las puertas.

“En efecto, el Evangelio nos dice que estaban «cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos» (Jn 20,19) y, al mismo tiempo, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que el Espíritu llegó como una ráfaga de viento (cf. Hch 2,2), que abriendo las puertas impulsó a los discípulos a salir a anunciar la Buena Noticia de Cristo resucitado”.

El Espíritu nos abre el acceso al misterio de Dios

Y dirigiéndose a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y a quienes seguían el rezo del Regina Caeli a través de los medios de comunicación el Pontífice preguntó: Hoy, ¿qué puertas abre el Espíritu Santo? La primera puerta que abre es la del mismo Dios, en el sentido en que nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo.

“Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, nos hace comprender el sentido de las escrituras, se nos muestra cercano y nos permite participar de su misma vida. El Espíritu Santo nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria”. 

El Espíritu abre la puerta del cenáculo, de la Iglesia

La segunda puerta que abre el Paráclito, afirmó el Papa León, es la del cenáculo, es decir de la Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian.

“El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir. Como recordaba el Papa Francisco, estamos llamados a ser «una Iglesia que bendice y anima […] Iglesia con las puertas abiertas para todos»”.

El Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones

Por último, el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, señaló el Santo Padre, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

“En donde está el Espíritu del Señor nace la fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias”.

La intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo

Antes de concluir su alocución, el Papa León XIV subrayó que, en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Y como los primeros discípulos, encomendarnos a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.

“Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos”.

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24 mayo 2026, 12:07

¿Qué cosa es el Regina Caeli?

La antífona del Regina Caeli (o Regina Coeli) es una de las cuatro antífonas marianas (las otras son el Alma Redentoris Mater, el Ave Regina Caelorum y el Salve Regina).

Fue el Papa Benedicto XIV, en 1742, en prescribir que fuera recitada en vez del Ángelus y estando de pie, como signo de victoria sobre la muerte, durante el Tiempo Pascual, es decir, del domingo de Pascua hasta el día de Pentecostés.

Es recitada, como el Ángelus, tres veces al día: al alba, a mediodía y al ocaso, para consagrar la jornada a Dios y a María.

Esta antigua antífona se remonta, según una pía tradición, al VI o al X siglo, mientras su difusión está documentada desde la primera mitad del XIII siglo, cuando es introducida en el Breviario franciscano. Está compuesto por cuatro breves versos cada uno de los cuales se concluye con el Aleluya, y es la oración que los fieles dirigen a María, Reina del Cielo, para gozar con ella de la resurrección de Cristo.

El Papa Francisco, el 6 de abril de 2015, justamente durante la oración del Regina Caeli el día después de Pascua, ha aconsejado cual debe ser la disposición del corazón cuando se recita esta oración:

“… nos dirigimos a María invitándola a alegrarse, porque Aquel que ha llevado en su vientre ha resucitado como había prometido, y nos encomendamos a su intercesión. En realidad, nuestra alegría es un reflejo de la alegría de María, porque es Ella que ha custodiado y custodia con fe los eventos de Jesús. Recitemos pues esta oración con la emoción de los hijos que son felices porque su Madre es feliz”.

Últimos Ángelus / Regina Caeli

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