El Papa: no hay razón sin fe, no a la lógica del beneficio y del dominio
Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano
La concordia, el diálogo y el encuentro son los ingredientes de la buena ciudadanía que el Papa León señala en el encuentro en la Plaza de la Victoria de Pavía. Ante él, 3.500 personas: los rostros de quienes habitan la ciudad lombarda, de quienes le dan vida, de quienes ofrecen su ayuda por amor a sus «conciudadanos»: una palabra clave para describir la responsabilidad a la que estamos llamados al vivir juntos en «comunidad», precisamente. La invitación de León XIV es a fijarnos en lo que fortalece y en lo que hiere a la sociedad actual, y exhorta a renovar «la participación activa de todos en la vida ciudadana».
Ante las formas de degradación y de analfabetismo cívico, estamos llamados a compartir un lenguaje de dedicación y servicio, que preserve las plazas, los parques y las calles como lugares de encuentro por excelencia. Esta buena ciudadanía sabe cultivar la concordia a través del diálogo y el encuentro constructivo entre las personas y las culturas que dan vida a Pavía.
La dignidad de cada uno
Reavivar el interés por el lugar en el que se vive, por la salud de quienes lo habitan, por la naturaleza. Y, en lo que respecta a la Iglesia local, el Papa León relanza la labor de acogida, el cuidado de lo humano.
Pavía es próspera, no solo en bienes, sino también en virtudes: ¡honrad siempre la dignidad de toda vida humana!
Sociales y solidarios
«Nos encontramos entre monumentos que hablan de vosotros y que, por lo tanto, os hablan a vosotros», afirma el Pontífice refiriéndose a la ciudad, «un don y una tarea para quienes la habitan». Hogares, escuelas, hospitales, centros parroquiales, estructuras que dan testimonio de «acogida, educación, cultura»: valores que constituyen la base de la Carta Constitucional italiana y que unen a todo un pueblo con sus responsabilidades.
Ser social significa ser solidario, comportándose como auténticos socios: motivados por el bien común y no por intereses particulares. ¡Los ciudadanos son siempre conciudadanos! De hecho, se llama precisamente «Comune» (municipio) a la entidad democrática que se ocupa de la ciudad, promoviendo el bienestar de quienes la habitan.
«¿Me importa?»
Haciendo así un llamamiento a la concordia a través del diálogo y el encuentro constructivo entre las personas y las culturas que dan vida a Pavía, el Papa pide a cada uno que se plantee una pregunta; que se pregunte si le importa la ciudad, la calidad de vida en los entornos en los que trabaja y donde pasa su tiempo libre. «¿Me importa —subraya— esta llanura tan fértil, donde cada campo y cada acequia llevan las huellas del trabajo paciente de quienes, durante siglos, han escuchado el ritmo de la creación, sintiéndose en armonía con la naturaleza?»
El diálogo entre fe y razón
El Pontífice se detiene también en la importancia de la universidad, un polo cultural en el que se forma la persona «sin especular sobre su labor». A cada tipo de conocimiento —afirma— le corresponde una forma de cuidado: «la ciencia médica se ocupa del cuerpo humano»; «la jurisprudencia se ocupa del cuerpo social y la filosofía considera el pensamiento, a partir del cual el hombre desarrolla todas sus artes». Un conocimiento que lleva al hombre a interrogarse sobre la vida, en esa sana inquietud que agitaba a San Agustín.
Su figura, al tiempo que encarna el diálogo arduo y constante entre la fe y la razón, da testimonio de su pertenencia recíproca.
La razón y la fe para el cuidado de uno mismo y del mundo
«De hecho, no se puede creer —subraya el Papa— sin pensar, ni es posible esclarecer las cuestiones más elevadas de la razón sin fe. Con esta apertura confiada, de hecho, la razón humana pregunta y proyecta: no se encierra en lógicas de lucro o de dominio, sino que descubre nuevas formas de cuidar de sí misma y del mundo».
En la medida en que cree, el ser humano no se resigna al fin, a un fragmento histórico que termina con la muerte: precisamente la fe nos recuerda que no somos súbditos de un destino anónimo, sino que sostenemos la certeza de que Dios es creador y salvador de la vida.
Anclada en el amor cristiano
La mirada del Papa León se posa luego en la Iglesia de Pavía, «matriz que acoge a todos, generando una nueva humanidad», llamada aún hoy a «evangelizar ante todo como hogar de fe y casa de caridad al servicio de los más pequeños, los pobres, los solitarios o los ancianos, involucrando en este cuidado de lo humano a todas las fuerzas del voluntariado». A continuación, se refiere a la cruz que figura en el escudo heráldico de la ciudad, que constituye «una síntesis cultural».
Recuerda que la historia de Pavía está anclada en el valor universal del amor cristiano; y es una historia que hay que escribir juntos, ejerciendo una memoria creativa en la colaboración entre ciudadanos y asociaciones, entre la Iglesia y las instituciones públicas, entre generaciones y culturas.
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