Buscar

Vísperas ecuménicas en Copenhague Vísperas ecuménicas en Copenhague

Parolin en Dinamarca: no ser indiferentes ante el sufrimiento de los pueblos

Con las vísperas en la catedral luterana de Copenhague, el secretario de Estado inaugura su visita de dos días al país para recordar la misión de San Ansgar en el siglo IX. El cardenal subraya que la unidad en la Iglesia es un don y que la gracia no es un privilegio, sino un servicio.

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

Buscar lo que nos une. Es el estilo que el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, de visita en Dinamarca como legado pontificio para las celebraciones del 12º centenario del inicio de la misión de San Ansgar, exhorta a los cristianos a poner en práctica. El tema se profundiza en la homilía de las vísperas ecuménicas presididas esta tarde, 24 de enero, en la catedral luterana de Nuestra Señora, en Copenhague.

Un encuentro de oración que inaugura los días de permanencia del cardenal en el país nórdico bajo el lema del recuerdo del monje benedictino y arzobispo convertido en patrón de Escandinavia, que dedicó su vida a evangelizar Dinamarca y Suecia en el siglo IX. La iniciativa conjunta de la Iglesia católica y la luterana se presenta como una nueva oportunidad para «reforzar la cooperación y la fraternidad entre nuestras Iglesias en la misión y el testimonio cristiano».

No a la indiferencia ante el sufrimiento

En su homilía, el cardenal Parolin subraya la necesidad de situarse en una «perspectiva de servicio concreto y de responsabilidad compartida» si se quiere alcanzar plenamente la unidad. «El testimonio cristiano —precisa— no puede quedarse en lo abstracto o limitarse a las palabras». Y añade: «Ante el sufrimiento de las personas y los pueblos, no podemos apartar la mirada, ni la indiferencia puede ser nunca una opción. La fidelidad al Evangelio nos llama a un testimonio claro en la verdad, compasivo en el amor y valiente en la acción, para que la luz de Cristo pueda llegar a quienes viven en la oscuridad, el miedo y la marginación».


La unidad es un don

Refiriéndose a la Carta de San Pablo a los Efesios, de la que se ha extraído el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el Secretario de Estado recuerda que la unidad en la Iglesia no es uniformidad, sino que debe considerarse «comunión viva en la diversidad». Y observa que «la unidad no nace de lo que producimos; es un don del Espíritu», por lo que «católicos y luteranos —explica— ya pueden reconocerse como miembros del mismo Cuerpo de Cristo, a pesar de las diferencias históricas y litúrgicas».

La gracia nunca es un privilegio, sino una llamada a servir

El cardenal se detiene ampliamente también en la gracia, que, afirma, «es un don personal que precede a todo mérito humano». Y donde el apóstol Pablo habla de la «medida» de la gracia, Parolin explica que «esta medida no implica desigualdad, sino más bien la variedad de dones para la edificación del conjunto». Recordando, además, que el Espíritu Santo no elimina las diferencias, sino que las armoniza, invita a mirar con valentía hacia el futuro y concluye citando a León XIV, quien insiste en el encuentro con Jesús como fuente de unidad. «La gracia —observa el cardenal— nunca es un privilegio, sino una llamada a servir».

Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí

24 enero 2026, 18:21