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El nuevo beato, el sacerdote español Salvador Valera Parra El nuevo beato, el sacerdote español Salvador Valera Parra  (© Diocese de Almería)

Beatificación del «cura Valera». Semeraro: fue un Evangelio viviente

En Juércal-Overa, España, esta mañana, 7 de febrero, se celebró la ceremonia presidida por el cardenal prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, enviado por León XIV. Salvatore Valera Parra, este es el nombre del nuevo beato, fue sacerdote diocesano, arcipreste y párroco; en todas las circunstancias, incluso en las más arriesgadas, siempre estuvo al lado de los más débiles. «Miró todo y a todos con los ojos de Jesús, amó todo y a todos con el corazón de Jesús».

Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano

«Una vida dedicada a tantas personas, especialmente a los enfermos, los pobres y los necesitados que recorrían las calles y habitaban las casas de esta tierra». La tierra es la de Almería, en España, y las palabras son del cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, refiriéndose al sacerdote Salvador Valera Parra, que hoy, 7 de febrero, es elevado a los honores de los altares. La ceremonia de beatificación tiene lugar en Juércal-Overa, España, lugar de nacimiento del Venerable Siervo de Dios, donde ejerció en el siglo XIX su ministerio de arcipreste y párroco. 

Siempre junto al pueblo y a los que sufren

El testimonio que dejó Parra fue el de quien difunde «el perfume de Cristo», diría San Pablo. Un modelo, dice el cardenal, especialmente para quienes, como él, viven hoy el ministerio pastoral como sacerdotes. Inspirándose en la página del evangelista Juan sobre la figura del Buen Pastor, propuesta por la liturgia de hoy, se mira a Jesús que ofrece su vida por nosotros, la pone literalmente en peligro, la gasta «para hacerla como una raíz de la que podamos alimentarnos». Así lo hizo Cura Valera, que amó a las personas, de nombre y de hecho, estuvo cerca de ellas, comprendió sus problemas y las alivió de sus sufrimientos, recuerda el cardenal.

Sencillez, dedicación silenciosa, fidelidad

Acontecimientos especialmente críticos, como epidemias de cólera, terremotos y desastres medioambientales, azotaron su región (en 1863 provocaron destrucción y víctimas), pero Parra permaneció cerca de la población, «visitando a los enfermos, socorriendo a los más débiles, asistiendo a los ancianos. ¡Esto es, ante todo, el cuidado de las almas!», recuerda Semeraro en su homilía. Partiendo de la premisa de que «solo el amor hace posible un conocimiento verdadero, renovado, interior y profundo», el prefecto retoma lo que ya subrayaron los obispos locales en la Carta pastoral «Una vida para los demás», donde escribieron que «en un mundo caracterizado por la prisa, el individualismo y la superficialidad, la figura del padre Valera se erige como un recordatorio de que la verdadera grandeza reside en la sencillez, en la dedicación silenciosa, en la fidelidad perseverante».

El «quinto Evangelio»

El cardenal concluye con la metáfora del llamado «quinto Evangelio», el que cada discípulo de Jesús está llamado a escribir con su propia vida. Eso es lo que hizo Valera. «Él fue un Evangelio viviente: lo miró todo y a todos con los ojos de Jesús; lo amó todo y a todos con el corazón de Jesús. Es un modelo y un ejemplo para nosotros. Esta es también la misión de los santos».

 

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07 febrero 2026, 12:46