Silencio y contemplación: Pabellón de la Santa Sede en la Bienal de Venecia
Eugenio Murrali y Paolo Ondarza
Una oración sonora, construida en torno a la categoría de la escucha e inspirada en la obra y en la figura de la santa y doctora de la Iglesia Hildegarda de Bingen. Es el Pabellón de la Santa Sede en la 61.ª Muestra Internacional de Arte – La Bienal de Venecia.
En lo que el cardenal José Tolentino de Mendonça —comisario del Pabellón y prefecto del Dicasterio para la cultura y la educación— ha definido como “un observatorio del mundo”, serán brújula las palabras del Papa León XIV, quien, invocando la paz durante el rosario del pasado 11 de abril, dijo: “Necesitamos no dejarnos arrastrar por la aceleración de un mundo que no sabe lo que persigue, para volver a servir al ritmo de la vida, a la armonía de la creación, y curar sus heridas”.
La participación de la Santa Sede en la Bienal, añadió el cardenal, “será una oportunidad para una inmersión en la contemplación, en la escucha. Desde la interioridad, que es una dimensión importante, esperamos que nazcan frutos de paz, encuentro y futuro”. En un mundo atravesado por conflictos y tensiones, el arte puede hacer mucho: “Necesitamos que sean los artistas quienes hablen. Debemos escucharlos como profetas. El arte nos ofrece nuevas visiones del mundo”, observó Tolentino de Mendonça.
Una invitación al ritmo lento y a la contemplación
Reducir la velocidad, escuchar, contemplar y cuidar son palabras clave para el Pabellón de la Santa Sede, El oído es el ojo del alma, presentado esta mañana en la sala de prensa de vía de la Conciliación y comisariado por Hans Ulrich Obrist y Ben Vickers.
Para el prefecto del Dicasterio para la cultura y la educación, “nuestro tiempo necesita nuevos maestros y el perfil polifónico de Hildegarda puede ayudarnos como antídoto a la exacerbación de las monodías, inspirándonos en la gestación de nuevas visiones” y llevándonos a conocer una “lengua desconocida”. Es decir, “una fuerza imaginativa que impulsa paradigmas sociales cada vez más inclusivos y que motiva prácticas comunitarias y fraternas”.
El proyecto se inspira en los cantos, los escritos y las imágenes visionarias de la mística y abadesa benedictina, experta en ciencias naturales, canonizada en 2012 por Benedicto XVI. “Una figura que puede parecer distante —afirmó de Mendonça—, siendo una mística del siglo XII, pero que posee una voz profundamente contemporánea, capaz de iluminar las preguntas y los caminos del presente”.
Un proyecto de larga duración y continuidad
Una armonía de correspondencias y sinestesias entre los lugares y las creaciones de 24 artistas en el Jardín Místico de los carmelitas descalzos en el barrio veneciano de Cannaregio y en el Complejo de Santa María Auxiliadora, en Castello, ya protagonista del Pabellón de la Santa Sede en la 19.ª Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de 2025, Obra abierta, con el proyecto arquitectónico de Tatiana Bilbao Estudio y Maio Architects. Esta continuidad, subrayó el curador Obrist, es una forma de continuar y ampliar un proceso, también desde una perspectiva sostenible, sin desmantelar el trabajo anterior.
Una experiencia holística
Para Obrist, un proyecto construido con el tiempo, incluso en su biografía, desde cuando de niño visitó con sus padres el monasterio de San Galo hasta sus encuentros con la herencia cultural de la mística: “Para Hildegarda el sonido era una forma de conocimiento. La música se convierte en un vínculo entre el ser y el mundo, entre microcosmos y macrocosmos”, observó el curador, insistiendo en la experiencia holística que podrán vivir los visitantes. Debemos reaprender a escuchar; la esperanza de Obrist es que el Pabellón de la Santa Sede ayude a lograrlo.
Hildegarda, puente entre cielo y tierra
Para el otro curador, Ben Vickers, Hildegarda es un ejemplo porque sabía conectar cielo y tierra a través del canto, enseñando además la primacía de la escucha.
El colectivo Soundwalk Collective ha tenido un papel central en la construcción de la primera parte del Pabellón, en el Jardín Místico, donde nuevas obras sonoras de músicos, poetas y artistas contemporáneos dialogan con el legado de Hildegarda a través de voz, instrumentos y silencio.
El visitante, al adentrarse en el Jardín Místico —un espacio precioso de contemplación generalmente no accesible, inspirado en El castillo interior de santa Teresa de Ávila— puede escuchar, gracias a auriculares, las composiciones de artistas como Patti Smith, Brian Eno, Jim Jarmusch, Meredith Monk, las monjas benedictinas de la Abadía de Santa Hildegarda de Eibingen y muchos otros. Sumergiéndose así en los sonidos del lugar con un instrumento creado por Soundwalk Collective para percibir en tiempo real la voz de la naturaleza y también “el propio espacio interior”.
Hildegarda y Teresa, guías del alma
Silencio, belleza, celo por Dios y contemplación fueron las palabras con las que el padre Ermanno Barucco habló del Jardín Místico de Venecia, donde se desarrolla la colaboración con la Santa Sede, abriendo una experiencia profunda. “Imagino a Hildegarda y Teresa acompañando a las personas en el jardín místico hacia su alma, donde habita Dios. Estas dos santas nos enseñan a cuidar de los demás”.
El complejo como scriptorium contemporáneo
El complejo de Santa María Auxiliadora se convertirá en un scriptorium contemporáneo —donde antiguamente se copiaban e iluminaban libros— articulado en tres formas: un archivo viviente, la obra final de Alexander Kluge y la liturgia sonora de las monjas de la abadía de Eibingen.
En el archivo, en colaboración con sor Maura Zátonyi y la Academia de Santa Hildegarda, los visitantes encontrarán una biblioteca de textos hildegardianos, libros de artista de Ilda David y un nuevo proyecto arquitectónico monástico de Tatiana Bilbao Estudio.
La obra de Alexander Kluge —artista de talento multiforme, del cual proviene también el título del pabellón— fue completada antes de su muerte en marzo de 2026 y consiste en una instalación monumental de cine e imágenes articulada en doce estaciones.
El Pabellón está dedicado a la memoria de Kluge y de Koyo Kouoh, directora del sector de artes visuales de la Bienal, fallecida el año pasado. La escucha ofrecerá una vía de comprensión y reconexión profunda con la caridad divina.
La creación como acto de amor
Porque, como escribió Benedicto XVI en la carta apostólica que acompañó la proclamación de santa Hildegarda como doctora de la Iglesia: “la creación es un acto de amor, gracias al cual el mundo puede surgir de la nada; por tanto, toda la escala de las criaturas está atravesada, como la corriente de un río, por la caridad divina. Entre todas las criaturas, Dios ama de modo particular al hombre y le confiere una dignidad extraordinaria, dándole aquella gloria que los ángeles rebeldes han perdido”.
Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí