2026.06.26 Concistoro straordinario - Aula Paolo VI

Ryś: la violencia es algo habitual en el mundo actual, que la Iglesia cure las heridas

Durante el Consistorio extraordinario, el cardenal, en su meditación bíblica en la Sala Pablo VI, reflexiona sobre la figura evangélica del «forastero» que se detiene para socorrer a una persona «víctima de violencia», «despojada» y «medio muerta». El arzobispo metropolitano de Cracovia: «El macro-mundo actual está atravesado por 32 conflictos; en el micro-mundo, los niños y los jóvenes sufren un lenguaje agresivo que llega hasta el asesinato y el suicidio».

Daniele Piccini – Ciudad del Vaticano

El mundo en el que estamos llamados a proclamar el Evangelio no es un lugar, sino una persona. Es más, dos: dos hombres. Uno es el buen samaritano, protagonista de la parábola del Evangelio de Lucas. El otro es su «prójimo»: la persona a la que el «forastero» se detiene a atender. Ambos nos describen profundamente y de ambos tenemos algo que aprender: las heridas, la soledad, el sufrimiento y sus causas, por un lado; la solicitud al inclinarse para atenderlos, por otro. Este es el núcleo de la meditación bíblica pronunciada esta mañana, 26 de junio, por el cardenal Grzegorz Ryś, arzobispo metropolitano de Cracovia, en presencia de León XIV, durante los trabajos del Consistorio extraordinario en la Sala Pablo VI y titulada ¿En qué mundo estamos llamados a proclamar el Evangelio?

«Víctima de los salteadores», una imagen del hombre moderno

El cardenal se inspira en el discurso de clausura del Concilio Vaticano II de San Pablo VI. Al querer describir el «mundo moderno», el entonces Pontífice afirmó que «la antigua parábola del samaritano» era modelo y paradigma. Así pues, la dimensión mundana se reduce a la individual: «Pensemos en el hombre y la mujer concretos, recordando que ambos son cocreadores del mundo y responsables del mismo, y que, en definitiva, son “el primer y fundamental camino de la Iglesia”», explica el cardenal citando la encíclica de San Juan Pablo II, Redemptor hominis.

El primer rostro humano, narrado por el evangelista Lucas, desciende de Jerusalén a Jericó y cae «víctima de los salteadores». «Ser víctima de la violencia —subraya el cardenal polaco— es la descripción de casi todos nosotros hoy en día», que vivimos en un «macromundo» asolado por 32 guerras en curso. Una agresividad que afecta también al «micromundo de hoy», en el que «los niños y los jóvenes» son cada vez «más a menudo víctimas de la violencia por parte de sus compañeros en el colegio». Actos de intimidación que comienzan con un lenguaje agresivo para llegar luego al «homicidio» y al «suicidio».

El ser humano también es «despojado», «desnudo», «reducido a la esclavitud». Una situación de pérdida de dignidad que puede ser literal —como la esclavitud que sufren, por ejemplo, los migrantes— o simbólica y «más sofisticada», como la causada por «las drogas, la pornografía, las adicciones de todo tipo e incluso por las tecnologías modernas, tal y como enseña la Magnifica humanitas». Además, el hombre de la parábola, añade el arzobispo de Cracovia, «es golpeado y herido» y «necesita un hospital de campaña». Precisamente el hecho de estar herido es «el diagnóstico más común hoy en día»: algunas de estas lesiones son visibles —se trata de traumas físicos, psicológicos o espirituales—, otras están «profundamente ocultas y nunca se muestran, y sin embargo determinan el comportamiento y las acciones de una persona». El hombre víctima de los salteadores también es «abandonado», es decir, solo, víctima, como tantos hombres y mujeres de hoy, de la indiferencia. El cardenal Ryś, citando las palabras del padre Timothy Radcliffe, destaca la incongruencia de una sociedad en la que se dispone de «medios de comunicación sofisticados», mientras que «el hombre de hoy sufre un tsunami de soledad».

Está «medio muerto», vive al margen de la vida y, finalmente, camina en dirección «opuesta al templo», es decir, se aleja de Jerusalén: una imagen «de nuestras sociedades occidentales secularizadas» o de las distorsiones de la religión, destinadas a «promover ideas y acciones absolutamente ajenas a ella».


El buen samaritano, el otro paradigma de la modernidad

El otro icono del hombre de hoy es el «buen samaritano», un «extranjero, un forastero, incluso un enemigo, al que siempre se trata con recelo y cautela». Cristo, precisa el cardenal Riś, nos invita a «aprender de él».

«Ahora —reflexiona el cardenal— estamos llamados a construir un hospital moderno para el hombre maltratado, a conocer todas sus heridas, pero también a acudir a su escuela y aprender humildemente de él, dejando que sea él nuestro maestro». De este hombre —deduce el cardenal— comprendemos qué es la «compasión»: precisamente «la misericordia y la caridad pueden ser un lugar de encuentro entre la Iglesia y el mundo». También nos enseña la «cercanía» y la «intimidad», la «generosidad» y la «dedicación».

La parte final de la reflexión del cardenal es, al mismo tiempo, un resumen del análisis de las dos figuras presentadas por el Evangelio y un estímulo para llevar a cabo la labor de evangelización dentro de estas dos dimensiones de lo humano: «Dos rostros de un hombre y una mujer modernos, del mundo de hoy: ¡un hombre medio muerto y un desconocido que nos enseñan dónde está la verdadera vida! Ambos son importantes. Ambos son igualmente verdaderos. Ambos son exigentes. En ambos —concluye el cardenal—, Dios nos llama a proclamar el Evangelio en el mundo».


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26 junio 2026, 17:04