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Editorial

La palabra del Papa es siempre la del Pastor

Una reflexión sobre el papel del Sucesor de Pedro y sobre su Magisterio

Andrea Tornielli

Incluso cuando habla de paz y guerra, de la acogida a los migrantes o de cómo seguir siendo humanos en la era de la inteligencia artificial, el Sucesor de Pedro es y sigue siendo siempre un líder espiritual. El hecho de que el Obispo de Roma, en virtud de los Pactos de Letrán de 1929 que resolvieron la «Cuestión Romana», sea también soberano del Estado más pequeño del mundo —menos de medio kilómetro cuadrado en el corazón de la capital italiana— no significa, de hecho, que actúe o se exprese como un político cuando aborda temas que atañen a los asuntos de nuestra humanidad.

Pablo VI lo explicó muy bien en su intervención del 4 de octubre de 1965 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Este encuentro —dijo el Papa Montini— marca un momento sencillo y grandioso. Sencillo, porque delante de ustedes tienen a un hombre como ustedes; es su hermano y, entre ustedes, representantes de Estados soberanos, uno de los más pequeños, revestido él también —si así les place considerarnos— de una minúscula, casi simbólica soberanía temporal, la suficiente para ser libre de ejercer su misión espiritual y para asegurar a quienquiera que trate con él que es independiente de toda soberanía de este mundo». El Papa, de visita en Estados Unidos, añadía inmediatamente después, hablando de sí mismo: «Él no tiene ningún poder temporal, ni ninguna ambición de competir con ustedes; de hecho, no tenemos nada que pedir, ninguna cuestión que plantear; si acaso un deseo que expresar y un permiso que solicitar, es el de poder servirles en lo que se nos ha encomendado hacer, con desinterés, con humildad y amor».

Es cierto que, para garantizar la absoluta libertad del Vicario de Cristo, hace casi cien años se estableció que existiera un minúsculo pedazo de tierra en el que el Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal fuera también soberano, es decir, Jefe de Estado. Pero se trató, y se trata, de una convención destinada a reconocer precisamente esta necesidad de independencia respecto a cualquier otro Estado, y no la afirmación de una doble misión. Cualquier exaltación o exageración del papel del Pontífice como Jefe de Estado, cualquier énfasis en la importancia de este papel resulta, por tanto, engañoso, ya que va en detrimento de su única y verdadera misión como Pastor universal. Un Pastor que se dirige a los católicos, a los cristianos, a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad con el único propósito de anunciar el Evangelio, su mensaje de amor, de fraternidad y de paz «desarmada y desarmante».

Así lo subrayó acertadamente el entonces cardenal Giovanni Battista Montini, cardenal arzobispo de Milán, en su intervención en el Campidoglio el 10 de octubre de 1962, en vísperas de la inauguración del Concilio Ecuménico Vaticano II. En aquel discurso, el futuro Papa, al referirse al fin del poder temporal de la Iglesia con la caída del Estado Pontificio en 1870, dijo: «Fue entonces cuando el papado retomó con inusual vigor sus funciones de maestro de vida y de testimonio del Evangelio, hasta alcanzar tal altura en el gobierno espiritual de la Iglesia y en la influencia moral sobre el mundo como nunca antes».

Cuando pide que la vida humana sea siempre respetada y protegida en todas las etapas de su existencia; cuando habla de paz pensando en el bien de los pueblos y pide que se ponga fin a la loca carrera armamentística, superando incluso el concepto de «guerra justa»; cuando invita al diálogo y a la negociación apelando al Magisterio de la Doctrina Social, cuando pide que se considere a los migrantes como personas a las que hay que acoger sin olvidar nunca su dignidad humana, cuando nos recuerda que los pobres están en el centro del Evangelio y que debemos construir sociedades más justas y equitativas, cuando defiende el derecho a la libertad religiosa, cuando subraya la importancia de custodiar la Creación para transmitirla a nuestros hijos y nietos, el Sucesor de Pedro no está hablando como Jefe de Estado. Simplemente está anunciando el Evangelio.

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13 julio 2026, 13:00